sábado, 17 de noviembre de 2012

500 días con ella (2009), de Marc Webb



(500) Days of Summer es una comedia romántica dirigida por Marc Webb, mayormente reconocido por dirigir videos musicales de diferentes bandas y solistas (en cine hizo una de las últimas Spiderman), y protagonizada por Joseph Gordon-Levitt (Tom Hansen) y Zooey Deschanel, la “Summer” del título original, en los roles principales.
La historia es acerca de dos compañeros de trabajo que entablan una relación amorosa, con sus particularidades; ella no desea considerar la relación de un modo demasiado formal, prefiriendo evitar las etiquetas típicas tales como “noviazgo” o “pareja”, coherente al fin con su forma de vida un tanto existencialista, para ella Tom es algo así como un “amigo con permisos”, como suele considerarse esta forma de entender las relaciones en lo más moderno del mundo en que habitamos.
En principio Tom acepta esta modalidad, pero más tarde lo que él califica como “actitud inconsistente” de parte de Summer, lo descrito en el párrafo anterior, termina por generarle incertidumbre, inseguridad, produciendo así tales diferencias en las expectativas de ambos, que conducen al desmoronamiento de la relación.
Webb no se queda en la anécdota, sino que a lo largo de la trama desarrolla su mirada, su reflexión acerca de las formas modernas de interrelacionarnos, con una mirada crítica, consciente de su propia subjetividad y que sin embargo no pretende quedar bien con nadie, ni con las posiciones tomadas generalmente por los hombres en cuanto a estas cuestiones, ni para nada en absoluto resulta demagogo respecto de las pretensiones de ningún tipo de feminismo.
Lo que la hace rara para ser una película americana (de hecho parece europea en más de un sentido), y puntualmente parece también la obra de un hombre harto de darle vueltas sin sentido a cuestiones que fallan probablemente más por real falta de comunicación antes que por diferencias de puntos de vista, “filosofías de vida” o como se les quiera llamar.
Y llega a conclusiones audaces, al menos para lo que es esperable en el cine más industrial, con las que se podrá estar de acuerdo o no (a Webb no parece importarle) pero que nunca se podrá decir son arbitrarias, que su exposición no las justifique en un momento u otro.
Frases como: “que a una chica le gusten las mismas porquerías raras que a ti, no significa que sea tu alma gemela”; “el amor no existe, es una fantasía”; “la gente debería poder decir cómo se siente de verdad, no con las palabras que le atribuye algún desconocido”; “no puedes atribuirle un gran significado cósmico a un simple suceso terrenal. Una coincidencia, eso es todo lo que cualquier cosa siempre es, nada más que una coincidencia”, se dejan decir por un personaje u otro a lo largo de todo el metraje.
Escéptico el hombre, sin dudas, pero en ningún momento sin embargo se manifiesta de manera cínica o resentida. Acaso sí culpa a la misma industria cinematográfica, a los medios formadores de opinión, que a Tom le hace concluir con un “¿sabes qué es un fastidio? Darte cuenta de que todo en lo que crees es una mentira total”. Apenas nada más al final se arriesga a ver que después de todo, quizás Summer no era más que una chica egoísta.
La película de un tipo quien no le hace asco a nada, ni siquiera a los lugares comunes (la típica escena, los protagonistas en la boda ajena, la novia tira el ramo y le cae en las manos a nuestra heroína, sí, está, pero es lo de menos).
Desde El Graduado (1967), de Mike Nichols hasta Closer (2004), del mismo director, que el cine viene tratando el tema de la relación de pareja, vapuleada constantemente por las convenciones sociales. Curiosamente, Webb hace referencia a El Graduado, no a Closer (tampoco a Sex & the City, por cierto :)).
En fin, una interesante película para ver despatarrados en la cama, una tarde de lluvia y de domingo.