sábado, 18 de febrero de 2012

Las computadoras (ordenadores) también contaminan


No solo lo hacen los deshechos, cuando una máquina de éstas se nos descompone y ya ni vale la pena hacerle reparaciones, o cuando ya no hay modo de componerlas; igualmente, con nuestros modelos en uso, aún los más modernos, con nuestras pantallas de LCD, igualmente contaminamos. Yo estoy aportando a la gran contaminación ambiental, mientras escribo y publico este artículo.
Un gran artículo que habla de cómo contaminan los deshechos de estas máquinas, es el siguiente, y de cómo contaminan nuestros aparatos y dispositivos en uso, este otro.

En realidad, ya la fabricación de todos estos dispositivos, y de todos nuestros electrónicos, desde un celular hasta una heladera o un lavarropas, es contaminante.
El ser humano contribuye a la gran contaminación ambiental general, casi a cada paso que da, con cada cosa que hace. Contaminamos e impactamos el medio ambiente con nuestras ciudades, con nuestros vehículos, con nuestras fábricas.

Por eso, a mí me hace gracia – cuando no me preocupa mucho –  este nuevo o no tan nuevo fenómeno social, surgido como “medioambientalismo”, una ideología política que parapetada en supuestos valores de moralidad respecto de estos temas, se manifiestan bastante llanamente y de manera unilateral, acerca de las virtudes de una posible erradicación de la actividad minera, por ejemplo, de sobre la faz de la tierra. Lo gracioso es que, por ejemplo, transmiten sus ideas por un SMS vía Twitter, desde sus blackberrys, cuya confección requirió en su momento del vertido de cianuro. Me recuerda a esos anarquistas que de viejos tramitan una pensión del Estado.

Tampoco y por lo contrario se alentaría desde este lado a una desregulación total de la actividad minera, y siempre, en todos los casos comprobados, no creo se pueda endilgar un mismo grado de responsabilidad tanto a una persona que desarrolle esa actividad de una manera inescrupulosa para el medio ambiente, como a un simple usuario de celular.

En realidad, como decía el otro día el Presidente Correa, de Ecuador, que para reducir el nivel de contaminación a cero, como parecen pretender los medioambientalistas, habría que volver al tiempo de las cavernas, más aún, a antes del descubrimiento del fuego.
No todos los cataclismos naturales, tampoco, se provocan por factores de contaminación. Las eras geológicas se produjeron en base a cataclismos, cuando ni siquiera el ser humano se proyectaba en su existencia.
Desde ya que hay medios de comunicación, corporaciones de poder y políticos, que pretenden convencernos de otra cosa, por sus intereses creados, casi de la misma manera en que pretenden engañarnos las cúpulas religiosas, hablemos al menos del Catolicismo. Qué maraña, los medioambientalistas suelen ufanarse de ser ateos e ingobernables respecto de las artimañas de la Iglesia.
Cuando no pensamos al sistema, ocurre que el sistema termina pensándonos a nosotros (no se me ocurrió a mí, es algo que escuché decir por ahí, creo que fue Foucault quien lo postuló); y cuando el sistema nos piensa, generalmente lo hace alabando lo geniales que somos, lo inteligente, lo bellos, lo cool; piensen si no en los eslóganes publicitarios: “Para alguien unic@ como sos vos, usá tal cosa”.
También hay otra instancia de contaminación, a mi juicio mucho más peligrosa que la ambiental, que es la contaminación por penetración psicológica, lo que no nos rebaja al nivel de los animales (ojalá fuera cuando menos esto), pero tampoco nos permite continuarnos en la escala humana, sino que nos convierte en una especie de zombis autistas, esos energúmenos y trolls (como damos en llamarles) con los que tan reiteradamente solemos toparnos en las redes sociales.
Ahora, de verdad, cuidemos nuestro medio ambiente, chicos.