jueves, 12 de enero de 2012

Lo que le ocurrió a la Argentina: El peronismo

Antes de la lectura de este artículo, se recomienda leer el anterior, Acerca del Peronismo.

A la Argentina, a diferencia de otros países hermanos, como por proximidad pueden ser Chile y Uruguay, le ocurrió el peronismo.
Nuestras políticas, nuestras realidades históricas y socio-políticas –las de Chile, Uruguay y Argentina – tienen sus similitudes, desde ya, pero a la Argentina le ocurrió algo completamente distinto a lo que el resto del continente, le ocurrió el peronismo.
El tan mentado actualmente “peronismo de izquierdas”, ¿tiene razón de ser?, ¿puede existir realmente algo así, como “peronismo de izquierdas”?.
Yo creo que no, yo creo que el peronismo es un movimiento de derecha, tan propio como su fundador, el General Juan Domingo Perón, como su título lo expresa, fue un militar.
¿Puede alguien imaginarse a un militar de carrera comulgando con las ideologías de izquierda?, ¿Perón, un pro-comunista, de alguna índole?.
Sí, sin dudas fue un militar de excepción, al punto de ponerse a todos sus colegas en contra, hasta volverse enemigos nº 1.
Lo que ocurre es que hay diversas maneras de derechismo, como hay diversas maneras de izquierdismo.
En América, desde siempre estuvimos acostumbrados, históricamente hablando, a los movimientos de derechas aliados a las bancas y las financieras, a las corporaciones y los poderes anglosajones, y desde ya que Perón era contrario a todo eso. Pero es que Perón era otra clase de derechista, era nacionalsocialista.
En Sudamérica, el liberalismo se caracterizó siempre en llegar al poder por la usurpación, la corrupción y el golpe de Estado; en cualquier lugar del mundo, el nacionalsocialismo siempre llegó a través de los votos, de manera democrática. Por este motivo, a lo sumo se podrá decir que Perón fue autoritario, pero nunca un dictador. Autoritarismo en democracia nunca es lo mismo que dictadura.
Y convengamos que la sociedad argentina – completa – durante años siempre quiso a militares en el poder, sino por elecciones, a la fuerza. Siempre hubo consenso social mayoritario para las dictaduras (hubieron seis golpes de Estado, entre 1930 y 1983); en realidad, no importó el modelo (al menos, no importó en el ’55, cuando ya dejaba de escucharse el famoso “la vida por Perón”).
Si Perón hubiera tenido un pensamiento de izquierda, hubiera simpatizado alguna vez con Castro, con China o la Unión Soviética; en cambio de ello permitió se formaran en Argentina colonias alemanas, en base a jerarcas nazis refugiados, fugados de la Gran Guerra y de la caída del Reich. En cambio también, coqueteó con el General Franco.
¿De dónde viene entonces la idea de que el peronismo puede ser una ideología de izquierda?.
En gran medida, de poseer una elite intelectual. En todas partes del mundo, el nacionalsocialismo tiene a intelectuales en sus filas, como poco lo tienen otras versiones de la derecha, y esto es porque también al fin de cuentas se trata de un derivado del socialismo; un socialismo versión de derecha, pero socialismo al fin. Socialismo y nacionalsocialismo se preocupan legítimamente por los derechos de los trabajadores, por la igualdad de condiciones (al menos en lo material) y un sistema de Justicia, etc., pero la diferencia radical es que aún con mayor proteccionismo, el nacionalsocialismo no reniega de ser un sistema capitalista, aún con la pretensión de que la banca se subordine al Estado.
Que es lo que enfrenta a Perón con el resto de los militares (liberales) que siempre se hallaron por debajo y al servicio del sistema financiero. En todo caso, Perón fue un militar heterodoxo; era popular o populista, como quiera verse, y luchó por los intereses soberanos del país, en el contexto internacional.
No obstante a mí siempre me deparó un cierto grado de perplejidad la presencia de un cierto sector de la intelectualidad, que se autodenomina peronista, y piensa al peronismo como a un modelo de izquierda. Se le adjudica a Perón, en algunos lugares, el haber dicho: “Alpargatas sí, libros no”, en otros se desmiente el hecho; lo cierto es que fue un lema de la época, que ni Perón ni ningún referente del modelo, jamás se preocupó demasiado en contradecir.
Pero creo que hay otra razón, de mayor peso, para que en la actualidad se pueda pensar en la posibilidad de un peronismo de izquierda, y que se encuentra concentrada en aquel otro lema de aquel entonces: “Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”.
Para Perón, el concepto de peronismo era sinónimo de argentinidad. En su perspectiva, si se era argentino se era peronista, al margen de lo que considerara la propia persona, el propio individuo. Por lo demás, el peronismo era un modo de vida al que te asimilabas, o del que terminabas alienado completamente del todo; finalmente, si no comulgabas, terminabas más o menos debiendo irte del país.
Pero como a todo buen tipo de derechas, a Perón le interesaban las similitudes, no las diferencias. A él le bastaban las pocas o muchas coincidencias que pudiera tener con la izquierda, o con la Iglesia, para que todos pasaran a ser considerados peronistas.
Todo ello con la excepción a todas vistas de sus compañeros militares, sus enemigos, a quienes jamás pudo someter, sojuzgar, convencer ni limitar, de modo alguno.
En aquellos tiempos – al menos entre 1945 y 1976 – pero seguramente también antes y después, no se usaba, no estaba “de moda” que la sociedad (el pueblo) le requiriera absolutamente nada a sus gobiernos.
El presidente era “el gran Papá”, en el caso de Perón, o alguna clase de tío sustituto (a Campora se lo llamó “el tío”, ¿no?), cada vez que papá era destituido, encerrado u obligado al destierro.
Había algo de infantil travesura en esa relación, por eso, cuando los militares se enojaban y volvían a poner “cada cosa en su sitio”, el pueblo (la sociedad) volvía a bajar la cabeza, a esperar que se calmara la ira de los dioses y papá pudiera volver a casa.
Con la muerte de Perón, los peronistas de la primera hora evidentemente no supieron muy bien qué hacer, y décadas más tarde el peronismo se alía con sus enemigos, pacta acuerdos – es decir, el peronismo deja de ser peronismo – y surge un híbrido o mejor dicho una política eminentemente liberal, con arrogancia de peronismo; muere el peronismo como tal y nace el menemismo.
Alineado a la globalización internacional y a la declaración de muerte de las ideologías, Carlos Menem establece una política de neto corte liberal, de capitalismo “salvaje”, como suele decirse, con las fotos de Perón y de Eva detrás de él en sus discursos, y poco más del folklore del movimiento.
En la actualidad y desde 2003, surgido de algún modo de las filas de Eduardo Duhalde (con sus propias ínfulas de representar al peronismo más ortodoxo, pero…) surgen Néstor y Cristina Kirchner, como una especie de neo-peronismo sin autoenunciados, sin enunciado alguno, luego de una de las peores crisis que sufriera el país, en 2001.
Pero será tema de otro artículo tratar la relación que guarda el kirchnerismo con el viejo peronismo.