sábado, 26 de noviembre de 2011

Tarot y Alquimia: "El Juicio" y "El Mundo"


Con "El Jucio" y "El Mundo" concluye la serie de arcanos mayores del Tarot y el viaje iniciático del alquimista, obteniendo la Piedra Filosofal.


Luego de sufrir la caída que representa el arcano XVI, “La Torre” a causa de su encuentro con “El Diablo” (arcano XV), el iniciado yace inerte, desazonado y descorazonado, pues al entender que la figura maléfica es parte constitutiva de sí mismo (se trata de su ego, de su “Sombra”), pierde las esperanzas, creyendo que ha fracasado en su empresa y desestimando que le quede algo más por realizar.
Es verdad que ya nada tiene que hacer el iniciado, pero la Alquimia comprende toda esta situación como una etapa integrada a su materia, el iniciado no ha equivocado de modo alguno el camino al encontrarse con “El Diablo”, sino todo lo contrario, y ya su tarea ha terminado y debe permitir que ahora sobre su trabajo opere la naturaleza, el universo. Esto está representado por los arcanos XVII, XVIII y XIX, “La Estrella”, “La Luna” y “El Sol”, respectivamente.

 

El regreso del Ave Fénix 

 

Consumada la tarea de estos tres últimos arcanos, que es la de madurar toda esta situación, mientras el iniciado yace agonizante, operándose nueva y realmente en él una nueva muerte (como ya lo hacía en relación al arcano de “La Muerte”), en el sentido de morir a una vieja forma de vida, a una vieja visión del mundo y de las cosas, es entonces que se produce el juicio (“El Juicio”, arcano XX) y el renacimiento.
Y se trata ya aquí del mismo juicio final apocalíptico, en una metáfora donde se conjugan esoterismo (Alquimia), ocultismo (Tarot) y esoterismo religioso (la escena bíblica).
En el Tarot egipcio a esta carta se le llama “La Reencarnación”, y seguramente no tiene la connotación bíblica de nuestra versión de Marsella, pero para el caso, el simbolismo es el mismo.

 

La carta de “El Juicio”

 

En la imagen se ve a una pareja y a un niño saliendo de sus sepulcros, resucitados. El símbolo es entonces el de la transmutación absoluta y más completa que hasta aquí se ha llevado a cabo, de todas las partes componentes de la estructura psicológica del iniciado (aún integrando a su ego); lo que da un fruto visible, el niño, cuyos padres son la pareja que le acompaña, integrados, el principio de Yin-Yang, todas las polaridades conjugadas, transmutadas, en la integración armónica del iniciado.
El premio de esto es la obtención de la Piedra Filosofal, el arcano XXI, “El Mundo”.

 

La carta de "El Mundo"

 

En algunas versiones recibe el número de XXII, aún dejando al arcano de "El Loco" sin numerar, y omitiendo de esta manera una posible carta XXI. En otras versiones, "El Loco" es la carta XXII y "EL Mundo" la XXI. Se trate de la versión que fuere, nunca se debe entender que "El Loco" sucede al arcano "El Mundo".

 

¿Por qué la Piedra Filosofal es “El Mundo”?

 

La carta presenta a los cuatro elementos, simbolizados por el toro (Tierra), el león (Fuego), la paloma (Aire) y el ángel (Agua, emociones) rodeando a la “Quintaesencia”, el quinto elemento, que integra a los otro cuatro por transmutación, en forma de arcángel o virgen. El conjunto representa al arquetipo de “El Mundo”.
En su libro Perspectivas desde el Mundo Real, George Gurdjieff dice que existe una definición legítima para la palabra “mundo”, tantas como personas existen, a lo que agrega: “Todas estas definiciones de la palabra "mundo" tienen sus méritos y sus defectos: su defecto principal consiste en que cada una de ellas excluye a su opuesto, todas representan solamente un lado del mundo y lo examinan desde un solo punto de vista. La correcta definición sería aquella que combinara todas las comprensiones separadas, mostrando el sitio de cada una y, al mismo tiempo, dando en cada caso la posibilidad de indicar de qué lado del mundo uno habla, desde qué punto de vista y en qué relación”.
El arquetipo del arcano “El Mundo” es aquel que representa y conjuga a todos los sentidos posibles del término. Y quien tenga consciencia de ello, quien pueda asumir y asimilar al arquetipo, hacerse uno con su naturaleza, podrá saber y experimentar todo lo que sabe y experimenta el universo, hacerse uno con él.

 

¿Qué es la Piedra Filosofal?

 

No es otra cosa más que aquello que representa “El Mundo”. Recibe este nombre porque en la simbología siempre se asoció a la figura de la piedra o la roca con la del arquetipo de la idea, y en sí misma “la idea” es un arquetipo; de la idea en estado puro es que estamos hablando, y por eso el encomillado.
Todas las personas tenemos nuestras propias ideas, con las que conformamos nuestros sistemas racionales de creencias, lo que llamamos nuestras “filosofías”. Cuando un individuo se halla muy afianzado en su propio sistema de creencias, al ofrecérsele otra posibilidad de la misma especie, es posible que entre en crisis.
Es lo que representa la escena en la historia de Ulises, cuando se hace atar al palo mayor de su embarcación, para así poder oír el canto de las sirenas, sin riesgos. El peligro consistía en que aquellos seres fabulosos se hallaban sobre las rocas y sus voces eran tan seductoras, que la atracción podía hacer chocar la embarcación contra las rocas.
En el símbolo, las sirenas (seres semi-humanos, semi-acuáticos; el agua es la emoción) decían verdades, verdades emocionales, que eran hermosas, pero con el consiguiente riesgo de hacer chocar a quien las escuchara, contra sus propios sistemas racionales de creencias, las rocas.
La Piedra Filosofal es la “Idea Filosofal”, el “Arquetipo de la Idea Filosofal”, y no ocurre como en las películas que sea algo externo al propio alquimista, que la guarde en un cofre, a riesgo de poder ser robada. La Piedra es inalienable de quien la posee, es la mayor ambición a la que el ser humano puede aspirar.