domingo, 27 de noviembre de 2011

'Solaris', de Andrei Tarkovsky

Acerca de la película original, rusa, de 1972. Existe una "remake" americana, de 2002, interpretada por George Clooney.


Andrei Tarkovsky es quizás, junto con el cásico Sergei Eisenstein, el director ruso más conocido a nivel internacional; en su extensa filmografía se destacan películas tales como Stalker (La Zona) (1979), Zerkalo (El Espejo) (1975) y La Infancia de Iván (1962). Su cine, siempre emparentado con lo sobrenatural y la ciencia ficción más humanista, es una invitación constante a la reflexión sobre las particularidades de la condición humana.
Solaris es del año 1972, y está basada en la novela homónima de Stanislaw Lem.

 

Argumento de “Solaris”

 

Una estación espacial terrestre orbita alrededor del planeta “Solaris”, desde su descubrimiento, no hace muchos años, en virtud de investigarlo. El gobierno estudia la posibilidad de anular el proyecto y desensamblar la base, dado el enorme presupuesto invertido y los escasos resultados; información muy pobre y escueta es lo que se está recibiendo de los tres tripulantes de la base. Para ello, el científico Kris Kelvin (el actor Donatas Banionis) es enviado allí, desde la Tierra, para evaluar la situación, lo que dará lugar a una decisión final.
El interés principal que despierta el planeta es porque, desde un principio, presenta señales de ser un ser vivo y consciente, quizás inteligente, que de alguna manera parece querer establecer comunicación, lo que se dedujo por la clase de alucinaciones sufridas por aquellos que hicieron pie sobre la superficie de “Solaris”.
El arribar Kelvin a la base se encuentra con que uno de los tres científicos efectivos se ha suicidado, dejando un mensaje grabado, sin que los otros dos hubieran reportado el suceso.
Enseguida también se da cuenta que hay más gente poblando la base. De manera similar a como ocurre en el cuento El Marciano, de Ray Bradbury (en el libro Crónicas Marcianas), Solaris cumple el deseo inconsciente de los humanos, de permanecer junto a aquellos a quienes más aman. En el cuento de Bradbury un marciano cumplía ese rol, corporizándose él mismo en el objeto de deseo. En este caso, Solaris corporiza físicamente entidades representativas de aquellos objetos de deseo, sin saberse bien qué son (algo similar a lo que podríamos imaginar un clon humano); al menos, tienen consciencia de sí, y de que no son precisamente aquello a lo que representan, por lo tanto, sufren.
Al Dr. Kelvin le tocará la aparición súbita de su esposa, fallecida años atrás, en la Tierra. Pero de manera tan física como él mismo.

 

“Solaris” vs “2001. Odisea del Espacio” (Juan Sebastián Bach vs Federico Nietzsche)

 

Se dice que Stanislaw Lem estuvo disgustado con la producción de esta película, en tanto que su argumento original fue utilizado, puesto al servicio de las intenciones de Tarkovsky.
También se dice que esta película fue la respuesta soviética a 2001, Odisea del Espacio (1968), de Stanley Kubrick (y basada en la novela de Arthur C. Clark), y lo cierto es que hay algunas referencias, aunque sea por contraste. Mientras que la película americana se basaba en lo visual, era silenciosa y abarcativa, Solaris es completamente discursiva y puntual. Solaris comienza con el Preludio Coral en Fa Menor de J. S. Bach, lo que sugiere que estamos ante un filme de evidentes interpretaciones religiosas, mientras que en 2001… resaltaba la introducción al Así Habló Zaratustra, de Richard Strauss; es decir, si algo cabe de filosófico en esta película, no será seguramente de índole religioso, a menos que aceptemos el agnosticismo o el ateísmo nietzschianos, como actitudes también religiosas, pero analizarlo excede nuestras posibilidades actuales.
Solaris es un definitiva un estudio de la condición humana, una larga conversación sobre ello, donde la ciencia ficción y el mismo argumento son solo pretextos para lo mismo. Fundamentalmente, Solaris trata del asombro al descubrir que el humano explora lo externo a él, en procura de descubrirse a sí mismo. Y no lo hace con espíritu analogista, precisamente, ni esotérico-filosófico, bajo el precepto comparativo de que, total, “así como funcionan las cosas afuera también lo hacen adentro”. No, la idea de Tarkovsky es que el hombre es un ser mucho más patético e impulsivo que eso. En la desesperación de comprobar que es “solo él y su circunstancia”, pero sobrevaluándose en su creatividad más característica, el avance tecnológico, el lugar donde el humano juega a ser Dios, termina sin embargo alienándose, huyendo de sí mismo, disparado a las antípodas de su origen, completamente extroyectado, de sí, para dar de bruces ineludiblemente otra vez contra su propia condición humana, peor aún, en su versión más total y descarnada, porque, finalmente, sí, “las cosas como son arriba también son abajo”.

 

La “remake” de “Solaris”, de Steven Soderbergh, con George Clooney

 

En 2002 se realizó esta versión americana de la original de Tarkovsky, dirigida por Steven Soderbergh e interpretada por George Clooney.