sábado, 26 de noviembre de 2011

Significación alquímica de "El Mago" en las cartas del Tarot


El Tarot es el sistema que mejor explica en detalle el proceso alquímico, tan difícil de desentrañar en sus partes componentes, debido a su hermetismo.


La sucesión de veintiún arcanos mayores (más la figura de “El Loco”, la baraja sin numerar) describen el viaje iniciático, el trabajo alquímico cuya razón de ser se esconde en la idea de transmutar “plomo en oro”, o al hombre común en un ser plenamente consciente y autoconsciente.

 

“El Mago”, el “alter ego” superior de “El Loco”

 

“El Loco”, que en algunas versiones del Tarot es llamado “El Tonto”, es la representación del hombre ordinario, común y corriente, tales sus condiciones de nacimiento y por cómo ha sido modificada su conducta y psicología, debido a la educación y costumbres de su época. La imagen lo representa como a un vagabundo en camino, que es acechado por un perro o una fiera (las fuerzas de la naturaleza), que lo ponen en una situación algo ridícula (en algunas versiones al personaje se le bajan los pantalones).
En su primer parada entonces “El Loco” conoce al Arcano I, es decir, a “El Mago”, que no es otra cosa, como decimos, sino una faceta más de “El Loco”, internalizada, más evolucionado y autoconsciente que el primero, y al que él ha descubierto, luego de haberse puesto “en camino”, movilizado interiormente.

 

Conócete a ti mismo

 

El conocimiento de uno mismo está dentro de uno mismo, como dicen todas las escuelas esotéricas de oriente y de occidente, y como lo prefiguró Sócrates con su conócete a ti mismo. Observen la carta de “El Mago”. Se trata de un joven noble, parado delante de una mesa (o tabernáculo), con elementos de trabajo delante de sí, las figuras propias de las cartas españolas (o arcanos menores), espadas, copas, monedas (oro) y una vara (basto) que sostiene en la mano, toda vez que cada uno de estos objetos simboliza a uno de los elementos naturales, aire, agua, fuego y tierra, respectivamente.

 

“El Mago”

 

Este “Mago” no lo es porque saque conejos de una galera o trabaje en un circo, sino que es un “Mago”, dicho esto en un sentido iniciático. El hombre es un alquimista (nótese el talismán que pende de su cuello). Tiene todos los elementos necesarios a su alcance, y ya está dispuesto a emprender el trabajo, la Gran Obra.
Este personaje no es en esencia diferente a “El Loco”, sino que es él mismo, volvemos a decir, que ha transmutado a un primer estadio de evolución.
Sin embargo “El Loco”, ahora “El Mago”, no se mantiene inerte en esa nueva posición, sino que una vez descubierta su nueva situación reemprende de nuevo la marcha, a la conquista de las otras partes de su “yo”.

 

La idea de los “yoes”

 

No solo las escuelas esotéricas, incluida la del Cristianismo Esotérico, sino también el psicoanálisis, avalan la idea de que psicológicamente el ser está escindido en diversos “yoes”, más o menos evolucionados unos respecto de otros, y que en principio no guardan más relación que de forma inconsciente.
Conscientemente, incluso esta idea puede parecernos descabellada o más parecida a la descripción de la esquizofrenia, la división de personalidades.
Pero es que entonces “personalidad” y “yo” no significan lo mismo, o habrá que asumir que la condición humana, como tal, reviste una patología. En definitiva, las escuelas iniciáticas inherentemente expresan que hay algo que está mal en la naturaleza humana – una escisión de partes – que es necesario integrar.
Si – como pensaban los griegos – la condición humana es trágica, es una tragedia en sí misma, es por toda esta sencilla razón, o, mejor dicho, todo lo hasta aquí dicho reviste en sí mismo una tragedia, incluso visto desde un punto de vista épico, romántico; son muchas las especulaciones filosóficas que pueden hacerse de esto.

 

La ilusión del Yo consciente

 

Somos algo más que aquel a quien vemos en el espejo, más que aquel que dice ser quien dice, piensa y siente; toma decisiones, se presenta, resuelve.
Cuando soñamos, nos parece que alguien, “otro”, hubiera metido todas esas imágenes e impresiones dentro nuestro. Cuando experimentamos “la voz de la consciencia” parece sonar distinta a nuestra propia voz.
El Tarot no es solo un sistema de consulta oracular, sino también uno de los caminos de autoconocimiento más esplendido y completo, que transforma en una verdadera aventura el proceso de descubrirnos a nosotros mismos.