sábado, 26 de noviembre de 2011

Los niveles del ser humano


En la enseñanza de George Gurdjieff, el ser humano se clasifica por niveles de ser, de acuerdo a su vinculación o no vinculación con el esoterismo.


Hay un aspecto fundamental en la enseñanza de George Gurdjieff, que será tomado como base de todo el sistema, es el relativo a todo lo concerniente con los diferentes niveles del ser.

 

Los niveles del ser humano, según George Gurdjieff

 

Según su evolución o relación con el plan alquímico, el ser humano es clasificado por Gurdjieff en siete categorías, en las que las primeras tres remiten al hombre ordinario, el sujeto al nivel de las características adquiridas desde su propio nacimiento, las que serán en su conjunto una de tres, dependiendo del temperamento.
  • El hombre nº 1 es el hombre motriz; un deportista, por ejemplo.
  • El hombre nº 2 es el hombre emocional o espiritual; un artista o un monje.
  • El hombre nº 3 es el hombre intelectual; un científico, por caso.
Todos nacemos involucrados en alguna de estas tres categorías de niveles del ser, las cuales, según Gurdjieff, tienen la característica común en quienes las encarnan, de hallarse como dormidos a la verdadera realidad, tomando por tal un mundo de ilusión fomentado en base a creencias, convenciones sociales, educación, modas, publicidad y propaganda, y todo lo que nuestras sociedades aportan para hacernos percibir como “real” un mundo de necesidades vacuas y sin sentido.

 

Exoterismo y Esoterismo

 

Pensamos que para “trascender” como seres plenamente desarrollados, necesitamos ser profesionales, ganar una X cantidad de dinero, casarnos, tener hijos, tener cultura, viajar y llevar una vida materialmente confortable.
Sin necesidad de renunciar a nada de eso que conforma el “exoterismo” de la vida, existe una realidad esotérica, que complementa a aquella, y que ofrece verdaderas posibilidades de trascendencia, ya no medida en límites cronológicos sino perpetuos, eternos.
Para ello es necesario en primer lugar tomar mayor consciencia de nosotros mismos, de nuestras reales necesidades, de nuestras verdaderas aspiraciones. Esto se logra a través de esfuerzos conscientes, que paulatinamente van generando un “despertar” de la consciencia a una realidad mucho más objetiva de la que suponemos como tal, lo que implica también superar niveles del ser.

 

Grados superiores del ser

 

El hombre nº 4, siguiendo con la clasificación, es el iniciado, es la persona que toma contacto por vez primera con los elementos del esoterismo, y que alcanza a distinguir su valor intrínseco. Empieza a despertar muy lentamente, “se da cuenta” que hay algo que no funciona muy bien en su vida ordinaria, que le falta algo, siente un vacío, e intuye que el esoterismo puede darle respuestas.
El hombre nº 5 es alguien que ya ha empezado a trabajar sobre su persona, ha adquirido un cierto grado de consciencia de sí mismo, cierta unidad, despojándose de pensamientos, sentimientos negativos y actitudes completamente inconsecuentes, que anteriormente hasta quizás le caracterizaban.
El hombre nº 6, obviamente, ya está más cerca del hombre nº 7, pero algunas de sus características todavía no se han vuelto permanentes. Señalemos que los hombres nº 4 y 5 en cualquier momento pueden regresar a sus situaciones originales, nada más “distrayéndose” de manera más o menos permanente, de sus propósitos esotéricos.
El hombre nº 7, en palabras de Gurdjieff (según Ouspensky): "El hombre Nº 7 ha llegado al más completo desarrollo que le es posible al hombre, y posee todo lo que el hombre puede poseer, sobre todo la voluntad, la conciencia, un «Yo» permanente e inmutable, la individualidad, la inmortalidad, y muchas otras propiedades que, en nuestra ceguera y nuestra ignorancia, nos atribuimos. Sólo podemos comprender hasta cierto grado al hombre Nº 7 y a sus propiedades, así como a las etapas graduales por las cuales podemos acercarnos a él, es decir, el proceso del desarrollo que nos es posible”.
Gurdjieff jamás habló de la posibilidad de un “Hombre nº 8”, pero no es irracional pensar que Jesús pudo consistir en uno de estos, un Arquetipo o Humano Ideal.

 

Nuestra relación con el esoterismo

 

Cabe señalar que entre la gente común y corriente, no son pocos los casos en que las personas oscilan entre el nivel primero de consciencia que le corresponda en la sub-clasificación de los primeros tres, y el del hombre nº 4; quién más, quién menos, todos tenemos inquietudes más o menos esotéricas, más o menos espirituales, solo que la mayoría de las veces esas inquietudes quedan sepultadas bajo el peso de los “rigores” de la vida cotidiana.
Por cierto que es muy digno sustraerse de las inquietudes metafísicas, también, cuando las obligaciones físicas así lo imponen; en definitiva, si uno lograra “amar al prójimo como a sí mismo y a Dios, al Origen, por sobre todas las cosas”, no habría necesidad de tanto discurso esotérico.

 

El riesgo de caer en el fascismo

 

El pensamiento y la especulación esotérica, como cualquier intento de categorización de las personas, siempre se acercan peligrosamente a la adopción de conclusiones o actitudes más o menos fascistas. Un aborigen en plena comunión con su entorno salvaje no necesita leer ningún libro, para saber ciertas verdades. Solo saber, quizás ni siquiera sea necesario conocer.
Gurdjieff dice que la reencarnación solo se da a través de nuestros cuerpos superiores, astral, mental y causal, y que estos cuerpos no vienen dados por añadidura, de alguna manera es necesario crearlos.
Nuestras fricciones internas, todos los “sí” y los “no” que luchan entre sí sin tregua en nuestros interiores, aún cuando dormimos, cristalizan energías en sustancias, que son con las que se revisten nuestros cuerpos superiores. Muchas veces, sin darnos cuenta, estamos haciendo alquimia.