viernes, 25 de noviembre de 2011

Los estados de consciencia y el control mental


El control mental es la disciplina que se encarga de realizar ejercicios de alteración de los estados de consciencia; pero, ¿para qué querríamos hacer esto?


Nuestros estados de consciencia dependen de la calidad de ondas cerebrales que se emiten en un determinado momento, una especie de energía eléctrica generada por el cerebro, que puede ser medida por medio del electroencefalógrafo (EEG). Los ritmos de esta energía son medidos en ciclos por segundo (CPS).

 

¿A qué le llamamos consciencia?

 

Generalmente, después de desayunados y sumergidos en nuestras actividades más habituales, es que nos consideramos más despiertos, más conscientes; sin embargo es también en esos momentos del día en que la persona se encuentra más influenciable al medio, con la atención dividida en dos o más aspectos, respecto de características y circunstancias que nos rodean, a la vez que internas.
Cuando recién despertamos, cuando estamos menos “espabilados”, según decimos, nuestra consciencia se halla más concentrada sobre nosotros mismos, y quizás casi hasta sin darnos cuenta, de manera inconsciente.
El estado de consciencia al que habitualmente estamos acostumbrados a considerar (que llamamos “vigilia”, el de la “faena”, el de las conversaciones e interacción con el mundo) se le denomina científicamente como estado “beta”, que es de aproximadamente catorce CPS, o más.

 

Otros estados de la consciencia

 

El estado de “semivigilia” se produce cuando, a poco de acostarnos, dependiendo del cansancio del momento la persona gradualmente se ve inducida al sueño. En el estado de “semivigilia” la persona ya ha ido perdiendo un grado importante de consciencia, pero aún puede oír ruidos y sonidos que efectivamente se produzcan a su alrededor (incluso, magnificados) y ver algunas formas y colores, si aún mantiene los ojos entreabiertos. Durante este período todavía fácilmente puede ser despertada, devuelta a la vigilia, apenas llamándola por su nombre (es decir, todavía mantiene atención hacia los factores externos).
A este estado de consciencia se le conoce como estado “alfa”, o de semivigilia, en que la persona está más permeable a concientizar, como dijimos, tanto a factores externos, pero también procesos inconscientes. En este estado de “duermevela” también pueden producirse sueños oníricos, más comúnmente cuando la persona está pronta a despertar del todo, que antes de dormirse.
En enfermos que padecen fiebre, este estado de consciencia puede producirse espontáneamente. Las ondas beta van aproximadamente entre los siete y catorce CPS.
El estado “theta” es ya el del sueño inconsciente, en que se producen los sueños y otros procesos del mismo tipo. Su rango de onda es de cuatro a siete CPS.
Pero existe un estado mucho más profundo aún, que es el estado “delta”, de cuatro CPS para abajo, que es el del sueño profundo, que no todas las personas alcanzan con igual facilidad, ni cada vez que se van a dormir. Se produce cuando despertamos completamente descansados y con las energías repuestas, casi sin recordar el momento en que fuimos a acostarnos. En un momento de sueño tan profundo, es difícil despertar a la persona, a menos que se la sacuda, a veces siendo necesario cierta vehemencia.
Es el estado de consciencia del desmayo. En el caso del coma, sería la pérdida total de la consciencia.
En resumen, cuando estamos dormidos nos hallamos en estados de consciencia alfa, theta o delta; cuando nos encontramos despiertos estamos en beta.

 

La disciplina del control mental

 

El control mental plantea la posibilidad a través de ejercicios de relajación y de programación de “control mental” (propiamente dicho), de manipular y cambiar de estado de consciencia, sin perder la lucidez, sin pasar directamente al plano inconsciente.
Una persona puede alcanzar esto, como ya dijimos, en momentos de padecer fiebre, o por un shock emocional, o por el consumo de sustancias psicotrópicas.
En estas circunstancias, la persona no pierde el contacto con el entorno, pero puede sentirse más lúcida (dirá, que “más consciente de sí misma”), experimentará despojamiento de emocionalidad hacia los objetos propios que le rodean (sus libros, su guitarra, por ejemplo), y sentirá un discernimiento mayor y más sutil entre seres y objetos inanimados. Las dimensiones de espacios y objetos familiares pueden ser reconsideradas como más vivenciales, a través de las impresiones, e incluso habrá quien dirá oír los sonidos más nítidos (o más fuertes) o percibir los colores más intensamente. Se puede observar el flujo de asociaciones intelectuales, independientemente de identificarse con “ser uno mismo aquel que piensa”.

 

El Método Silva de Control Mental

 

A fines de los años '70 se publicó este libro, de José Silva, presentando un método muy sencillo y al alcance de la comprensión de todos, de ejercicios para el control mental, el que por mucho tiempo resultó un best seller.

 

La cuestión ideológica del control mental

 

En control mental se piensa que en su situación habitual de estado de consciencia beta, el hombre, paradójicamente, es cuando más dormido se encuentra. Al menos, se halla más atento a su entorno, impresionado y sugestionado por el mismo, con escasa atención para sí mismo.
En un estado beta, cuando menos, ocurre lo descrito en el párrafo anterior. Si el hombre puede conseguir esos estados sin necesidad de drogas, fiebres o traumatismo emocional, qué tanto mejor.
La capacidad de la propia asociación de pensamientos, de forma autónoma, y la consciencia de esto en estado alfa, presuponen una necesidad de control de los pensamientos, de algún grado de control mental. “Sin consciencia, el hombre es una máquina que piensa”, es uno de los postulados del control mental.
Del mismo modo, en control mental se cree en el enorme poder de la fuerza del deseo, una energía que sin consciencia se diluye, pero que concientizada, “obliga al universo”, por decirlo de algún modo, a la cristalización del objeto al cual se aplica el deseo.
De igual modo, es a través de los ejercicios de control mental que se logran viajes astrales.
En algunas escuelas esotéricas se busca inducirse al estado de consciencia más profundo, el estado delta, en estado de vigilia, para producir el fenómeno del “nirvana”, la contemplación consciente de Dios.