sábado, 26 de noviembre de 2011

La relación entre maestro y discípulo


No hay mayores diferencias entre una relación maestro discípulo en la escuela esotérica, que en la exotérica; se trata de una relación amorosa.


Desde nuestras adolescentes lecturas de los libros de Carlos Castaneda, en que se decía que “el alumno no busca al maestro. El maestro aparece cuando el discípulo está interiormente preparado”, mucho se ha dicho y escrito sobre esta relación, que no presenta mayores diferencias, se trate del plano esotérico o del exotérico.
¡Qué desazón toda vez que al consultar el oráculo del I Ching, luego de arrojar las monedas, formamos el dibujo del hexagrama cuatro!. Su “dictamen” reza: “No soy yo quien busca al joven necio, el joven necio me busca a mí. Al primer oráculo doy razón. Si pregunta dos, tres veces, es molestia. Cuando molesta no doy información”. Uno se queda viendo al libro, pensando: ¡Pero si sos de papel!, ¡yo te compré con mi propio dinero!
En fin, esta humorada nos serviría para reflexionar acerca de “qué” o “quién” es que nos responde, toda vez que consultamos el oráculo, pero no es el tema de este artículo.

 

Diferencias entre la escuela exotérica y la escuela esotérica

 

La primera diferencia es que la escuela esotérica es orgánica, no es una institución. La relación maestro-discípulo es íntima, aunque un maestro pudiera tener varios alumnos, la relación que debería tener con cada uno es privada. No son aconsejables las “escuelas de alquimia” o “de desarrollo superior” con sede en algún establecimiento de características exotéricas, que acepte indiscriminadamente a cualquiera dispuesto de pagar una cuota mensual.
Otra diferencia es que las distintas materias de las que dispone el maestro no se contienen en “temarios”, ni en “módulos” a superar en un tiempo establecido. Cada persona es un mundo y por lo tanto cada discípulo también lo es; un maestro debe conocer íntimamente a su alumno, para poder ajustar la forma y dinámica de su enseñanza a las necesidades y realidad del sujeto.
En el mundo del cine, hay una gran cantidad de películas, algunas de las cuales muestran muy claramente las características de esta relación.

 

Películas de relación maestro-discípulo

 

Una de ellas es El Hombre Sin Rostro (1993), de Mel Gibson, donde, curiosamente, en una escena se representa una actitud que, se dice, George Gurdjieff tenía hacia sus alumnos, particularmente, cuando entablaban los primeros contactos con él. Les hacía cavar un pozo profundo en un terreno, y al terminar, les volvía hacer taparlo, con la misma tierra de la excavación. Si no les molestaba demasiado haber realizado un esfuerzo inútil por adquirir el conocimiento, entonces estaban aptos para la instrucción.
Otra película interesante sobre el tema es La Sonrisa de Mona Lisa (2003), de Mike Newell. La primera parte de la historia es la típica historia de una maestra pobre en un claustro de alumnas ricas, que tiene que soportar el desprecio de las mismas, pero que paulatinamente irá ganando sus corazones e impondrá su autoridad. Lo interesante de esta película es que a la mitad se opera “una vuelta de tuerca” en la trama, donde se trata con gran objetividad cuánto tiene también para aprender un maestro de sus alumnos.

 

Cuentos sufís sobre maestros y discípulos

 

La literatura sufí está repleta de cuentos que retratan esta relación. Uno, llamado La Gota de Agua, relata la historia de un alumno que no puede sacarle una sola verdad, una sola palabra, a su maestro. Entonces va a un hechicero y le presenta su problema. El hombre le vende una pócima, y le dice que solo poniendo una gota de esta por día en la comida del maestro, este hablará y le dirá sobre todos sus conocimientos.
El aprendiz hace esto, y efectivamente, después de cada comida, el maestro se pone a hablar y a darle de las mejores lecciones.
Pasado un mes, al muchacho se le acaba la pócima, por lo que regresa al hechicero, por más. Entonces el hombre lo recibe y le dice, riendo: “Ve con Dios, muchacho, que esta “pócima” no ha sido más que simple agua”.
En fin, la función de los cuentos sufís es dejarnos perplejos.

 

La opinión de los expertos, Gurdjieff y Ouspensky

 

“Por regla general, el discípulo mismo no vale un comino, pero no quiere otro maestro que no sea el mismo Jesucristo”, dice Piotr Ouspensky que Gurdjieff decía, en Fragmentos de Una Enseñanza Desconocida.
El mismo Ouspensky confiesa, en el mismo libro, que él decidió separarse de Gurdjieff, su maestro, cuando lo pudo “separar”, distinguirlo, de la propia enseñanza. A propósito, es posible que una relación maestro-discípulo concluya cuando el último está ya capacitado de formarse un criterio propio acerca de la enseñanza. Pero de cualquier modo, el no poder separar al maestro de la materia, ¿no es un rasgo de fanatismo, cuando menos de idealización?


"¿Puede el discípulo superar al maestro?" (Fulcanelli)


Así se lo pregunta Fulcanelli en Las Moradas Filosofales, y así se contesta: “Se puede responder, pues, a la pregunta del filósofo, que, dada la diferencia misma de sus condiciones, jamás el alumno podrá elevarse por encima del maestro, pero, por otra parte, cabe asegurar que, con el tiempo, el discípulo, llegado a su vez a maestro, se convertirá en el alter ego de su preceptor”.
Sin lugar a dudas, del mismo modo que nadie puede comprender lo que se encuentra más allá de sus propias capacidades intelectuales, en este “encontrar al maestro una vez se halla internamente preparado”, cada quien encuentra al maestro que le corresponde. “No se puede pretender Jesús esté disponible para todos”, hubiera dicho Gurdjieff.