martes, 29 de noviembre de 2011

La noción del tiempo en las distintas culturas


Desde la observación del paso de los días por el hombre primitivo hasta la confección del calendario gregoriano; ¿cambió nuestra relación con el tiempo?.


Es difícil pensar que para el hombre primitivo el transcurrir del tiempo no haya sido una sucesión confusa de días y noches, lo que no sería obstáculo para advertir sin embargo cierta periodicidad en fenómenos de carácter cíclico, los cambios de la forma lunar, los cambios climáticos estacionales, etc. El recuerdo y la capacidad de proyectar o prevenir ciertos sucesos o impresiones inminentes o relativamente temporales, completarían algún tipo de noción del tiempo.
Resulta imposible determinar cuándo y quién descubrió que el movimiento aparente del sol se ajustaba a un ciclo temporal, pero es muy probable que este haya sido el primer descubrimiento científico del hombre.

 

El calendario de Stonehenge

 

El monumento megalítico de Stonehenge, en Salisbury, al sur de Inglaterra, es seguramente el mayor calendario del mundo del que se tenga noticia, construido aproximadamente unos 2.500 años antes de nuestra era. Se trataría de un instrumento de medición periódica del paso solar.

 

Orígenes del calendario actual

 

Con leves variaciones, nuestro actual calendario es una variación del que se empleaba en Egipto desde el -5000, que tenía un ciclo anual dividido en doce meses de treinta días, subdividido a su vez en tres décadas, más cinco días suplementarios. Fueron también los egipcios quienes dividieron el día en 24 horas. El inconveniente de este calendario es que el año en realidad no se completa en 365 días exactos, sino que se agregan seis horas y aproximadamente once minutos, que a los egipcios se les iban acumulando.
A su vez, los egipcios tenían un concepto de tiempo separado y complementario al cronológico, que era el tiempo del Kairós, (si bien dada su filología, se le atribuye este concepto a los griegos) un tiempo completamente subjetivo, interno y vivencial, perceptual, que obviamente no podía medirse y se relacionaba con el modo de percibir la sucesión del tiempo – más acelerada o lentificada, respecto de lo que indicarían los relojes – dependiendo seguramente de la intensidad de las experiencias, o de la intensidad que en las impresiones depararan.

 

El tiempo en China y Babilonia

 

En China tenían un calendario mucho más complejo, hacia mediados del tercer milenio a. de C. concebían ciclos de 60 años, pero los cálculos necesarios para establecer a partir de esa premisa un calendario fijo, era un secreto de estado.
Los babilonios agregaron a la medición del tiempo tal cual la conocemos, la semana de siete días, la hora de sesenta minutos y el minuto de sesenta segundos; lo que medían gracias a relojes de sol bastante sofisticados, cuyos generadores de sombras estaban separados en grados, minutos y segundos, y utilizando clepsidras, relojes de agua con un orificio graduado de forma tal, para que goteara un determinado número de gotas por día.
Además los babilonios resolvieron el problema del remanente de tiempo en el ciclo de 365 días, incluyendo años especiales de trece meses (este decimotercer mes se consideraba de manera religiosa, repleto de influjos malignos, y de ahí deriva la superstición incluso actual acerca del número 13).

 

Los calendarios griego y romano

 

Los griegos contaban con un calendario de doce meses, de 29 y 30 días alternativamente, al que en distintos períodos agregaban un mes.
El calendario romano, en principio, constaba de diez meses lunares, y las correcciones se efectuaban a consideración del gobernante, y de este es que heredamos los nombres de nuestros meses.
En el año 44 a. de C., el emperador Julio Cesar decidió hacer un nuevo calendario, en vistas de la poca funcionalidad del anterior, el que entró en vigor el 1 de enero del año siguiente. El viejo calendario así fue ampliado a quince meses, lo que daba al año una duración de 445 días, para el retraso de tres meses que se había calculado y acumulado en aquel entonces, y basándose en el calendario egipcio de 365 días y ¼. A partir de entonces se incluyo también entonces el concepto de año bisiesto, tal cual lo conocemos hoy.
También, son los romanos los que introducen el término “calendario” (del latín calendae, llamar).
Para los romanos, la clasificación de los días se articula en dos grupos, los dies festi y profesti, y los dies fasti y nefasti. En los dies fasti conferían (quién sabe porqué) base mística a la acción profana del hombre, de lo que surgen los carnavales y las fiestas paganas y populares de la Europa medieval. Es posible que esta concepción guarde alguna analogía con la de los egipcios, en relación a los tiempos cronológicos y de Kairós.

 

El tiempo de los cristianos

 

Los cristianos adoptaron primeramente la llamada “Era de los Mártires”, que comenzó en el 284 d. C., y no fue sino hasta el año 532 que el monje Dionisio el Menor no fundaría la Era Cristiana, fijando el año 753 romano como el año cero de esta nueva era.
En 1582 el Papa Gregorio XIII introduce el calendario que lleva su nombre (el gregoriano, el actual), y para ese entonces el error del sistema juliano era de once días.
Por decreto entonces fueron eliminados diez días, con el objeto de hacer coincidir la fecha del equinoccio de primavera (del hemisferio norte) con el 21 de marzo, y se decreto también que cada 400 años (que terminaran en “doble cero”) si se tratara de año bisiesto, no se consideraría como tal, en vistas de ajustes matemáticos de un sistema, el calendario, que jamás podría ser perfecto.
Desde la implementación del calendario gregoriano, se suprimieron tres años bisiestos por este motivo.

 

Otros calendarios

 

Nos quedan otros calendarios al menos que mencionar, el maya, el judío, el musulmán, el árabe, de los que lamentablemente por razones de espacio no podemos tratar.
También decir que luego de la Revolución Francesa fue instaurado el calendario republicano en aquel país, diseñado por los masones, y abolido por Napoleón Bonaparte, en 1806.