sábado, 26 de noviembre de 2011

La música de Gurdjieff


Una de sus facetas más desconocidas, pese a que toda la música de Gurdjieff se halla publicada, en partituras y grabaciones.


La faceta musical en la vida de George Gurdjieff es la menos conocida de este escritor, filósofo y maestro de escuela esotérica, toda vez que, incluso, él prefería ser reconocido antes que nada, como maestro de danza.
Recopilador de temas tradicionales anónimos, muchos de ellos de origen remoto, del Asia Central, y compositor de muchísimas partituras, tuvo a intérpretes de la talla de Chick Corea y Keith Jarrett, que grabaron algunos discos con sus piezas, siendo sin embargo el pianista Alain Kremski quien grabara absolutamente toda su obra.
Gurdjieff no era un músico profesional, ni siquiera un pianista diestro, sin embargo, al menos al estudioso de la vida y la obra de este hombre, el acercamiento a su música le completa una comprensión de su personalidad y naturaleza, el panorama psicológico de una personalidad por demás polémica.

 

Un poco de historia de la música de Gurdjieff

 

El músico y discípulo Thomas de Hartmann era quien le ayudaba al maestro a transcribir su música al pentagrama. Más tarde sería el mismo de Hartmann, autor del libro Nuestra Vida con el Señor Gurdjieff, quien compondría junto a Laurence Rosenthal la música para la película Mettings with Remarkable Men (1979), de Peter Brooks, basada en el libro homónimo de Gurdjieff, y donde añadirían algunos de sus temas musicales.
La obra completa en partitura de la música de Gurdjieff ha sido publicada en tres gruesos volúmenes por Schott, una editorial alemana, en una edición trilingüe, en inglés, alemán y francés, en su prólogo, textos de estudio, apuntes y apéndices. La edición, entre otros, pertenece a Laurence Rosenthal.
Los primeros dos tomos están dedicados a la obra de recopilación de Gurdjieff, bajo los títulos de Canciones, cantos y ritmos de Asia (tomo I) y Música de Sayyids y Derviches (tomo II).
El tercer tomo está consagrado a la propia composición de Gurdjieff, bajo el título de Himnos, Plegarias y Rituales, y está dedicado a su discípula, Jeanne de Salzman, quien fuera quizás la más leal entre sus seguidores, la más abnegada. Al menos, jamás escribió nada acerca de Gurdjieff, ni de su experiencia junto a él, apenas algún prólogo a alguno de los libros de sus compañeros.
Este tercer tomo también contiene facsímiles de manuscritos en pentagrama, del puño de Gurdjieff y de Hartmann.

 

Un testimonio sobre Gurdjieff músico

 

Louis Pauwels recuerda un episodio: “Entonces Gurdjieff traía su instrumento, una especie poco común de acordeón. Lo balanceaba sobre las rodillas y extraía un sonido más bien espasmódico, al imprimirle con la mano izquierda un movimiento de atrás hacia adelante. Su mano derecha reposaba sobre el teclado; tan pronto improvisaba como tocaba aires que recordaba, y que para mí siempre eran música desconocida. Esas melodías en tono menor, me recordaban a veces el canto de los cargadores musulmanes de Suez, o la música lúgubre que, en mi infancia, producía el mar al introducirse en el estrecho cuello de una gruta. Gurdjieff nos hablaba muy poco de la música que había recogido durante sus viajes, pero era evidente que provenía de diferentes fuentes”.

 

La importancia de la música en la enseñanza esotérica de Gurdjieff

 

Tan fundamental como sostener que el universo y todas las cosas se desarrollan de manera estrictamente análoga a como lo hace la música.
Esta idea, hay que decir, no pertenece completamente a Gurdjieff, proviniendo y siendo compartida por todas las escuelas esotéricas más antiguas, desde Asia Central hasta la China, sin embargo, él la desarrolló y analizó, hasta lograr sistematizarla, base sobre lo cual luego entonces desplegaría toda su enseñanza.
Gurdjieff era un estudioso no solo de la música, sino también de la naturaleza y frecuencias de los sonidos; de cómo participaban estos en el mundo físico, modificándolo.
Aplicó el desarrollo de la escala musical (lo que él llamaba la Ley de 7) al Enegrama, un símbolo hermético de origen desconocido y remoto, una especie de mandala, por el cual, descifrándolo, se puede comprender el perfecto desarrollo, evolución, derivación o involución, de absolutamente todas las cosas.