viernes, 25 de noviembre de 2011

La ciencia ficción en Argentina

La literatura argentina ha sido prolífica en relación al género de la ciencia ficción. Aquí, un vistazo a su historia.


El periodista e investigador del género, Pablo Capanna, dice que el primer antecedente en nuestro país data de 1904, tratándose de la novela La Estrella del Sur o A Través del Porvenir, de un tal Enrique Vera y González, con clara influencia de Jules Verne. Como curiosidad se puede agregar que su historia transcurría en el año 2010.
Ya la segunda novela que aparece sobre el género, de 1908, lo mezcla con el de la ficción política, con el nombre de Buenos Aires en 1950 Bajo el Regimen Socialista, de Julio Dittrich, más pareciera el título de un ensayo apócrifo por lo pretendidamente premonitorio.


La Invención de Morel, un ícono del género


En 1940, Adolfo Bioy Casares publicaría la que sería una de las mayores obras capitales de la ciencia ficción argentina, La Invención de Morel, con una clara influencia de La Isla del Dr. Moreau, de Robert Stevenson, desarrollándose ambas historias en islas, y que tratan de invenciones macabras.
Pero la ciencia ficción no prosperaría mayormente en Argentina, sino hasta 1953, cuando aparece en Buenos Aires la revista Más Allá, dirigida por Héctor G. Oesterheld, de cuentos e historietas, que llegó a circular por todo el mundo de habla hispana. Uno de los cuentos más recordados de esta publiación, por entonces, es Profesor Particular, de Juan Fernández, con un estilo muy parecido al de Isaac Asimov.
En 1955, en la misma revista, Ignacio Covarrubias firmaba el cuento Saturnino Fernández, Héroe, que sería un antecedente directo del futuro El Eternauta (1957), del mismo Oesterheld.

 

La ciencia ficción como mensaje cifrado ante los problemas de censura

 

En 1966, en el mismo año en que el General Onganía se apoderaba del poder, en uno de los tantos golpes de estado que sufriera el país, el psicoanalista Emilio Rodrigué publica De Cómo en el Año del Sesquicentenario los Argentinos Salvaron a la Tierra, una sátira de ciencia ficción para camuflar una crítica directa a la dictadura.
Pero fue el escritor Eduardo Goligorsky quien con el pretexto de la ciencia ficción, más asiduamente utiliza el género para metaforizar y crear metamensajes de fuerte crítica social y política, en cuentos como En el Ultimo Reducto y El Vigia (1967) o A la Sombra de los Bárbaros (1977).
En 1968 Alfredo Grassi publica Los Herederos, con una fuerte influencia de George Orwell, en una trama que encierra una guerra entre Argentina y Brasil, basada en una religión fundamentalista de Estado.

 

La dictadura militar argentina de 1976, los mejores años para la ciencia ficción del país

 

Sin lugar a dudas, el crecimiento del género se dio a partir de la construcción de la parábola política antes mencionada, y en estos años la ciencia ficción tuvo un gran auge, tanto de escritores como de lectores. Por estos años se funda la revista El Péndulo, un ícono, de las mejores revistas del género, a nivel internacional. En esta revista publican autores de la talla de Carlos Gardini, Ana María Shua y Angélica Gorosdicher, entre otros.

 

Los años '80, la ciencia ficción de la democracia

 

Con el regreso de la democracia al país, ya para instalarse definitivamente, la ciencia ficción mayormente se vuelca a las publiaciones alternativas, de tirada limitada y bajo presupuesto (con excepción de la revista Minotauro), absorbiendo las posturas ciberpunk (dominante en Estados Unidos y Europa) y del posmodernismo pesimista, contrastando notablemente con la alegría que por la recuperación de la democracia entonces reinaba en la sociedad.
A principios de la década se funda el CACyF (Círculo Argentina de la Ciencia Ficción y Fantasía), que aglutina a casi todas las publicaciones del género del país, y cuyo primer presidente, Sergio Gaut vel Hartman (autor de la novela Cuerpos Descartables), además publica las revistas Parsec y Sinergia, de cuentos.
La revista Clepsidra, de Ediciones Filofalsia, si bien también publica ensayos y poesía, también le da lugar al cuento de ciencia ficción.
El género parecía ir perdiendo adeptos en las décadas siguientes. De mediados de los '90, solo cuenta consignar la novela La Noche Reina (1996), de Luis Pestarini, una historia de viajeros a través del tiempo, que influyen en la Historia Nacional.
Para el nuevo milenio habrá que rastrear en los sitios de Internet para enterarnos si es acaso que la ciencia ficción argentina sigue con vida.

 

La historieta, la gran ausente a la fiesta

 

Contra lo que pudiera pensarse, con ese hito fundador que constituyó El Eternauta, de Oesterheld, la historieta argentina no ha producido gran cantidad de productos estrictamente propios del género de la ciencia ficción, como así se hizo en los géneros infantiles, policial o meramente fantástico.
En este sentido, la historieta argentina siempre continuó la tendencia europea antes que la estadounidense, más afin a la producción de superhéroes, que por un motivo u otro siempre se ven contenidos en el género de la ciencia ficción.