viernes, 25 de noviembre de 2011

El "I Ching" o Libro de las Mutaciones

Es el libro más antiguo que se haya conservado. Un tratado de filosofía que puede ser consultado como oráculo.

 
“No te arredres. La ergástula es oscura, / la firme trama es de incesante hierro, / pero en algún recodo de tu encierro / puede haber una luz, una hendidura. / El camino es fatal como la flecha. / Pero en las grietas está Dios, que acecha”, es parte del poema que Jorge Luis Borges escribiera como introducción al I Ching, de Editorial Sudamericana.

 

El libro más antiguo del mundo

 

Es probablemente el I Ching el libro más antiguo de la humanidad, que jamás se haya conservado, teniendo su origen remoto y vago entre los años 1122 a 221 antes de nuestra era.


Consistencia del I Ching


El I Ching es a la vez un oráculo y un libro de filosofía, que se puede leer de manera lineal. Constituido por sesenta y cuatro capítulos, cada uno remite a un hexagrama, un ideograma constituido por dos trigramas, superpuestos uno sobre otro, conformados a su vez por líneas enteras y quebradas, que también se colocan unas sobre otras.
En la traducción más fiel que se conoce, del chino arcaico, realizada por el alemán Richard Wilhelm, cada capítulo consta de un texto descriptivo respecto del significado del hexagrama que le atañe, un dictamen, una explicación de la imagen, y el significado de cada línea, en el contexto del mismo hexagrama.

 

El oráculo

 

Para la consulta oracular del libro, se deben tomar tres monedas de igual valor, dándole un valor cualesquiera de tres y dos, al anverso y reverso de las monedas, con lo que se sumarán dichos valores luego de arrojar las monedas seis veces. De estas sumas no podrán obtenerse, de este modo, más que el seis, ocho, siete y nueve, representando los números pares líneas quebradas y los impares líneas enteras.
Se arrojan las monedas, seis veces, y se van anotando los resultados (líneas quebradas y enteras, con sus correspondientes números), de abajo hacia arriba en orden, hasta terminar por construir el hexagrama.
De este primer hexagrama puede desprenderse un segundo, pues los números seis y nueve tienen la propiedad de “mutar” por sus contrarios (de línea quebrada a entera, y viceversa), si ese es el caso.
Toda vez que aparezcan seis y nueve en el primer hexagrama, entonces, se construirá un segundo, de lo que representará el primero la condición básica de la consulta y el segundo su respuesta o solución. En el caso de que se obtenga un solo hexagrama, este comprenderá a esas dos cuestiones.


Cómo usar el I Ching


La traducción de Wilhelm del I Ching puede resultar un tanto incomprensible en su mensaje para el lector que recién se allegue a su versión, tanto más cuanto el texto está poblado de alusiones metafóricas, y en general el discurso es bastante poético.
Existen otras versiones del libro, aún basadas en esta traducción, seguramente más adecuadas para el principiante, como son las de Judica Cordiglia, o la de John Blofeld, esta última aún reconocida por D. J. Vogelmann, el traductor al español de la versión de Wilhelm.
No obstante, cualquiera que quiera profundizar en el tema y uso del I Ching, más tarde o temprano tendrá que adentrarse en la traducción de este último.

 

De qué se trata la filosofía del I Ching

 

La idea fundamental de todo el libro es la del fenómeno de mutación, de cambio, de todas las circunstancias y cosas.
La ley que actúa en toda mutación es el sentido (Tao) enunciado por Lao Tse, el uno en toda multiplicidad, aún, el principio de yin y yang que se complementa a toda esta idea.
Es preciso comprender que las especulaciones de índole gnóstico-dualistas propias de occidente son ajenas a la idea original y básica del I Ching.

 

La historia del libro de las mutaciones

 

En la literatura china se indican cuatro santos, entre personajes algunos míticos y otros reales, históricos, como autores del I Ching, Fu Hi, el rey Wen, el duque de Chou y Confucio, quienes lo habrían ido completando, de la base de ocho trigramas originales, haciendo sus propios aportes, hasta la versión definitiva que se conoce hoy.
Particularmente, se le concede al primero la creación de los hexagramas, al menos de algunos de ellos, y tratándose de un personaje de la primera categoría, se asciende así a estos elementos gráficos a un origen remoto y legendario.