martes, 29 de noviembre de 2011

'Dios es una esfera cuyo centro está en todas partes...'


"...Y su circunferencia en ninguna", es el símbolo mayor del esoterismo religioso; una idea que surge del mundo de los arquetipos, según Platón.


En su ensayo Otras Inquisiciones, Jorge Luis Borges le adjudica al teólogo francés Alain de Lille – o Alanus de Insulis – en el siglo XII, el haber dicho “Dios es una esfera inteligible, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”.
De este modo se deshumanizaba en forma y sustancia la idea de Dios que hubiera podido tenerse, promovido incluso originalmente por el pensamiento más primitivo, que tendía a formarse una imagen familiar de aquello que pudiera consistir la idea de Dios, aún mayormente luego desarrollada esta tendencia por la iglesia Católica, al concebir para esta idea hasta un nombre propio – Jehová – y rasgos de temperamento bien humanos, amor, autoridad y liderazgo, irritabilidad, y hasta incluso una imagen completamente humana, con la fisonomía de un anciano judío, piénsese en Miguel Ángel y su La Creación.

 

Antecedentes históricos de esta concepción

 

Sin embargo, esta necesidad de deshumanizar la idea de Dios, dice Borges se encuentra ya seis siglos antes de la era cristiana, en Jenófanes de Colofón, que alentaría a los poetas homéricos de su época, a abandonar la tendencia a atribuir rasgos antropomórficos a los dioses, proponiendo a un solo dios, que tuviera la forma ideal de una esfera eterna.
En simbología, y en el Timeo de Platón, se considera a la esfera el cuerpo geométrico más perfecto, siendo en realidad en sí mismo el símbolo supremo de la perfección, al ser la más uniforme, y porque todos los puntos de la superficie equidistan del centro.
Borges advierte que Aristóteles y sus seguidores se niegan a la idea, porque atenderla es cometer Contradictio in adjecto, al ocurrir que en su formulación sujeto y predicado se anulan recíprocamente.
Según Borges, también, esta idea se repite varias veces en la historia, hasta el Medioevo, y es solo a través de la intuición, en función de su simbolismo y no de concepto, que puede comprenderse su verosimilitud y verdad.

 

La perspectiva del esoterismo religioso

 

Muy a pesar de los propios intereses terrenales de la Iglesia Católica, y de los métodos y discursos que implementan para alcanzar satisfacerlos, su propio dogma de fe, la Biblia, suele contener textos simbólicos y alegóricos que la contradicen en sus especulaciones. Es lo que ocurre cuando Salomón dice (hablándole a Dios): “El cielo, el cielo de los cielos, no te contiene” (1 Reyes, 8: 27), porque es la misma idea medieval que dice que “Dios está en todas partes al mismo tiempo”, que es lo mismo que decir que Dios está en cada cosa que ha creado, sin que ninguna lo limite; Dios trasciende de este modo a la cosa misma que constituye, Dios es “una esfera cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”, y es más que la suma de sus partes; es decir, Dios es todo.

 

La idea de Dios después del Renacimiento; la esfera de Pascal

 

El avance de la ciencia y de la semiología condujo a asumir una posición filosófica mayormente aristotélica; las dualidades aristotélica-platónica, dionisiaca-apolínea, belleza (bien)-fealdad (mal), fueron forzadamente resueltas en función de la aparición de la idea de lo sublime (y todas sus familiaridades analógicas), lo que motivó toda una nueva corriente de pensamiento – inédita hasta entonces – fundada en la asociación de lo eterno e infinito con algo superior a la belleza, cuando hasta el Medioevo nunca lo ilimitado podía hallarse a la altura de lo bello, sino todo lo contrario, pertenecía a la categoría de lo feo, de lo siniestro.
Emmanuel Kant (1724-1804) sería el responsable de insertar el concepto de lo sublime, y luego Nietzsche (1844-1900) concretaría una revisión del pensamiento medieval.
Pero ya un siglo antes de Kant, a Blaise Pascal (1623-1662) se le presentó el problema de que Dios “es una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna”. Porque según Borges, para el pensamiento científico “los hombres se sintieron perdidos en el tiempo y en el espacio. En el tiempo, porque si el futuro y el pasado son infinitos, no habrá realmente un cuándo; en el espacio, porque si todo ser equidista de lo infinito y de lo infinitesimal, tampoco habrá un dónde. Nadie está en algún día, en algún lugar; nadie sabe el tamaño de su cara”.