jueves, 24 de noviembre de 2011

Alcances de las diferencias entre Platón y Aristóteles

Las diferencias entre estas filosofías son las que han definido, para bien o para mal, el curso de la historia y la evolución de la humanidad.


La filosofía aristotélica ha conducido a la humanidad al “pienso, luego, existo”, de Descartes, en contraposición a la idea que sobre los “Arquetipos” manifestara el platonismo.
En Aristóteles (de cuyas ideas nace el materialismo) la idea es en tanto que uno la piensa, mientras que en Platón (animismo) existe un universo de ideas, previo aún al objeto que encarna a esa idea. En Platón, no es necesario que nadie piense a la idea para que esta exista, vale decir.
Como ya lo advierte Heine, todas las confrontaciones humanas se derivan de esta primera. En todos los casos, filosóficos, religiosos o políticos, la disyuntiva es siempre la misma: Platón o Aristóteles.

 

Sobre la constitución de los fenómenos

 

La religión cristiana nos dice que Dios es “el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, mientras que para el mundo científico, todo fenómeno es la resultante que se deriva de dos fuerzas contrarias de igual intensidad, y de dirección contraria.
El alma humana no es real para la ciencia. El ser humano es la resultante de un espermatozoide y un óvulo que se encuentran, y fecundan.
Desde el punto de vista religioso, entonces, la existencia del alma humana es previa a la fecundación del cuerpo que la encarnará.

 

La constitución del agua

 

La Química es la ciencia encargada, entre otras cosas, de nominar a todos los elementos y compuestos de la naturaleza. Es conocido que la fórmula H2O (dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno) es la que han determinado estos científicos, para declara la constitución del agua. Ahora bien, es conocido por estos mismos científicos que dicha fórmula se halla incompleta. Fulcanelli dice al respecto, en sus Moradas Filosofales: “Desafiamos al más hábil químico a que fabrique agua sintética mezclando el oxígeno con el hidrógeno en los volúmenes indicados: ambos gases rehusarán siempre combinarse. Para tener éxito en la experiencia, es indispensable hacer intervenir el fuego, ya sea en forma de chispa o en la de un cuerpo en ignición o susceptible de ser puesto en incandescencia (esponja de platino)”.
El problema es, para el químico, determinar dónde fuera de su laboratorio interviene ese fuego al que alude Fulcanelli: en el agua de lluvia, por ejemplo.

 

Fenómenos científicos que resisten a la lógica

 

Existen otros fenómenos químicos que resisten el razonamiento acerca de cómo se producen.
Otra vez, Fulcanelli nos advierte: “El ioduro cúprico, por ejemplo, se descompone espontáneamente en iodo y ioduro cuproso. Puesto que el iodo es un oxidante y las sales cuprosas son reductoras, esta descomposición es inexplicable”.
“La formación de compuestos en extremo inestables, tales como el cloruro de nitrógeno, es asimismo inexplicable”.
“Tampoco se comprende por qué el oro, que resiste al ácido y a los álcalis, incluso concentrados y calientes, se disuelve en una solución extendida y fría de cianuro de potasio; por qué el hidrógeno sulfurado es más volátil que el agua; por qué el cloruro de azufre, compuesto de dos elementos cada uno de los cuales se combina con el potasio con incandescencia, no actúa sobre este metal”.
Y basta por hoy, con Fulcanelli. Pero la cita anterior, si bien extensa, es un buen muestrario de las muchas lagunas que presentan las ciencias.

 

La ley de 3

 

Uno de los fundamentos de la enseñanza de Georgi Gurdjieff es el que se denomina “ley de tres”, que, precisamente, enuncia la participación de tres factores constitutivos en cada fenómeno, a los que él llama “principio activo”, “principio pasivo” y “principio neutro”, donde el “principio neutro” sería ese “fuego” del que Fulcanelli dice falta, en la fórmula de composición del agua.
También, la religión siempre asoció al fuego con la imagen del Espíritu Santo, lo que constituiría el “principio neutro” en la Santísima Trinidad, el fenómeno de Dios.