martes, 17 de enero de 2012

Los anarquistas de hoy en día

Se consideran “outsiders”, lo más afuera del sistema que se pueda (dicen); recitan a Bakunin y te miran con desprecio, como si fueran descendientes directos de Severino Di Giovanni.
No obstante, abren cuenta en Facebook como cualquiera de nosotros… Ah, no, pero ellos lo hacen para “infiltrarse”, para convencernos a todos con su mensaje de que somos unos mentecatos conformistas y complacientes, y así socavar las bases mismas del capitalismo. No importa que escuchemos a Silvio Rodríguez o al dúo Pimpinela; igualmente, el capitalismo nos tiene a todos hipnotizados (menos a ellos, los anarquistas), y en este caso nos tiene bajo su influjo desde las disqueras.
Qué “cool” debe ser considerarse “outsider”. Yo también quisiera ser “cool” (si no fuera por lo de outsider).
Una vez leí el cuento de un escritor rosarino, muy bueno, del que no recuerdo el nombre; “La Trotzko-Card”, se llamaba, y era algo así como la historia de una tarjeta de crédito para gente como ésta, los anarquistas de hoy en día.
Los anarquistas actuales se parecen a esos ateos que cuando llega Navidad arman el arbolito, brindan con sidra y disparan fuegos artificiales, porque tienen “las costumbres muy arraigadas”, dicen, casi como los perros de Pavlov, que cuando escuchan una campana, babean (¿Pavlov era anarquista?; no, no lo creo).
Pero no, no es lo mismo, diría un anarquista actual, porque ellos dicen encontrarse realmente obligados a permanecer en el sistema, para trabajar para comer, educar a sus hijos, vestirlos; comprarle al Banco una hipoteca, intentando tener casa propia, etc., etc., etc.
Igual, estos anarquistas aprovecharán cada asignación universal por hijo que se estipule, se alistarán en cada bolsa de desempleo, usufructuarán cada fondo de pensiones que se brinde, de acá hasta la ancianidad, en que entonces reclamarán su jubilación, a ese mismo Estado que por tantos años han detestado.
Es cómodo ser anarquista, un “outsider”; no te hacés responsable absolutamente de nada y criticás a todo el mundo; está bueno.

A ver, tema de composición: “Si yo fuera anarquista”.
Realmente, jamás conocí a nadie que verdaderamente luche por estar afuera del sistema. Todo lo contrario, pasan los años y todo el mundo lucha cada vez más por integrarse al mismo, por no caerse de él.
Si yo fuera anarquista no esperaría a caerme del sistema, me iría muy entusiasmado de él. Me iría a la sierra, a la montaña o a algún tipo de desierto humano.
Confieso que he mentido. Sí he conocido gente realmente anarquista en esta vida. Fue en Italia, cerca de Bologna, en las cumbres de los Apeninos. Hay allí comunidades que viven sin electricidad y sin gas, del agua de los manantiales, de la siembra y la cría de aves y de cabras. Esos sí son anarquistas verdaderos de hoy en día, a ellos mis respetos. Hasta donde yo sé, nunca ningún gobierno ha ido a molestarlos.
Bueno, si yo fuera anarquista, me hubiera quedado a vivir con ellos, o fundaría algo similar en cualquier otro lugar.
Y si realmente odiara tanto al sistema, como los anarquistas de hoy en día nos tienen acostumbrados escuchar, pondría bombas en Instituciones del sistema; tomaría las armas y saldría a matar a los actores representativos de este sistema, haría honor del “guevarismo” al que ellos dicen sumarse.
Y entonces, lo más probable es que muriera en el combate, derrotado por las fuerzas del sistema, que sin lugar a dudas son más poderosas que las que nunca yo pudiera llegar a desplegar.
Pero moriría en mi lucha, como muero cada día en mi lucha, aún no siendo anarquista. Porque, de otro modo, ¿para qué quiero vivir en un mundo al que no comprendo y no me comprende, del que no quiero hacerme responsable, y del que pienso no tengo nada para darle, para mejorarlo?
Esta actitud de los anarquistas de hoy en día, me recuerda a mí mismo de adolescente, cuando me peleaba con mi padre y le soltaba un dramático: “¡pero si yo no te pedí nacer!”.
Enojarse con papá, con Dios y/o con el mundo, a cierta edad es no hacerse cargo, y una actitud bastante adolescente, me parece. No hacerse cargo de que si a determinada edad no aprendiste a pilotear tu realidad, bueno, ya, no es culpa de nadie, o es enteramente tu responsabilidad el no haber aprendido a hacerlo.

Hay tiempos y tiempos, en que estos anarquistas de hoy en día se vuelven más o menos cargosos. Bueno, tampoco quizás sea para tanto. Sabemos lidiar con cosas peores.