domingo, 11 de diciembre de 2011

Video presentación de libros de Mary Paz en Veracruz

CRONICA DE UNA PRESENTACION ANUNCIADA



Por Mary Paz Reyes Peña

Jueves 8 de diciembre del 2011, Xalapa, Veracruz.
Llegamos a esta hermosa ciudad a las tres de la tarde, con un clima bastante fresco por un frente frío. El hotel en el que nos hospedamos es bonito, muy tradicional y cómodo. La verdad yo estaba muerta de miedo por la presentación, así que si me hubieran hospedado en el presidio de San Juan de Ulúa, no hubiera notado nada raro. La ciudad es hermosa, con calles empedradas y estrechas, edificios de estilo colonial y casas con techo de tejas rojas. La gente es amable, sonriente, atenta, eso me hizo sentir en mi casa todo el tiempo; nunca extrañé mi habitual ambiente citadino. Desde la ventana de la habitación que nos dieron podíamos observar claramente una iglesia católica de colores vivos en amarillo y ocre. Cuando miré el atrio, pensé que eso era una recriminación a mis tendencias paganas y profanas, pero luego recordé que mi anfitrión es un verdadero pan de Dios, incapaz de semejantes sarcasmos. Decidí arreglar un poco los estragos del viaje, pero sólo conseguí acentuarlos, así que me resigné y me armé de valor para aceptar que yo escribí lo que escribí. ¡Ja!; en eso de ser cínica soy bastante experimentada.

De izquierda a derecha: Sr. Sabino Cruz (Director del Museo Casa Xalapa, Mary Paz, Lic. Mildred Castillo Cadenas, Dra. Esther Hernández Palacio.

 
A las cuatro y media yo ya estaba más que nerviosa y deseaba que pasara algo para no asistir al evento; quise mandar a alguien en mi representación, pero nadie quiso asumir semejante misión, y bueno, qué puede hacer una para escapar; no conocía lo suficiente la ciudad como para ir a meterme en algún antro mientras los demás me buscaban. Enrique, mi amable y maravilloso amigo, llegó a recogernos y nos fuimos caminando por esas calles empinadas, y atravesamos un parque con exceso de escaleras fabulosas  y  tormentosas. Entre sonrisas que esbocé por lo que pensé que era mi último aliento, todo para disimular el martirio al que estaba siendo sometida, al fin logré llegar viva, aunque sospecho que con los ojos desorbitados, a la entrada del museo. Apenas logré reponerme, ya estaba siendo presentada a varias personas, entre las cuales había dos damas muy amables, que resultaron ser distinguidas autoridades en literatura, que accedieron a leer y presentar mis libros. Eso me hizo darme cuenta de la enorme suerte que he tenido por poder hacer lo que me más me gusta, escribir, y además conocer a personas que me han dado su apoyo incondicional. Eso me hizo sentir ganas de llorar, pero me contuve para después, de por sí estaba yo bastante decompuesta con tanto ajetreo, nervios y emociones acumuladas en los últimos días. Respiré muy hondo y me senté a un lado de las distinguidas damas, que hablaban en términos muy cultos sobre poesía y el arte de escribir. Ahí comprendí lo importante que eran esas mujeres, y  mi osadía de poner en sus manos un trabajo para que opinaran; en realidad fue mi amigo Enrique el que me metió en semejante embrollo. ¡Gulp! Deseé haber hecho caso a mi instinto y haber huido a esconderme en uno de los nacimientos gigantes que vimos en la hermosa plaza principal; tal vez si me abrazaba del asno o de la vaca, nadie me hubiera encontrado.



La Dra. Esther Hernández Palacio leyendo el poema "Confieso", de "Gritos desde el Hades"


El maestro Sabino Cruz, director del Museo Casa de Xalapa, muy amable, preguntó quién era la poetisa, y aunque puse cara de tonta me llevó a sentarme a la mesa de la presentación; él lo hizo a mi derecha y las dos eruditas mujeres se hallaban a mi izquierda, para que resaltara más mi arrojo. El me presentó ante las personas allí reunidas, como público, y la Lic. Mildred Castillo comenzó a hablar sobre mi libro, “El Elegido”,  diciendo con gran entusiasmo sobre el tema del que trata la novela, y dio una opinión tan halagadora que casi me dieron ganas de abrazarla por el agradecimiento que sentí; hasta se me olvidó que me estaban mirando los ahí reunidos y esbocé las sonrisas más bobas de mi vida, como si estuviera ebria. ¡Buáaa!

 
El actor Enrique Málaga (de la Compañía de Teatro El Juglar), interpretando el cuento "Tadeo", del libro Aventuras de una Tarotista Loca (Babel Books Inc., 2011)

  Interpretación del cuento "El Exorcismo de Cimi", de Aventuras de una Tarotista Loca

Luego la reconocidísima Dra. Esther Hernández Palacios comenzó a presentar mi libro de poesías, “Gritos desde el Hades”; explicó que mi trabajo era interesante para ella, dijo que yo era una mujer rebelde, iconoclasta, polígrafa (con cada calificativo iba yo subiendo en la escala del nirvana). Lo demás casi no lo recuerdo, porque estaba sumergida en un estado alterado de consciencia, viendo la escena desde una nube que acababa de fabricarme con mi autoestima antes tan lacerada y ahora reivindicada.  La doctora tuvo la deferencia de leer uno de mis poemas para ilustrar lo que estaba diciendo de mi trabajo, y yo, la verdad ya no sabía si reír o llorar o echarme a correr. El maestro Sabino no pudo resistir su sorpresa y me dijo a rajatabla que estaba sorprendido de que yo no tuviera estudios académicos en letras, y de que hubiera empezado esta aventura a través de las redes sociales. ¡Nunca me habían llamado burra de manera tan halagadora! (cuando vi la película que me tomaron, la poca película que me tomó mi reportera familiar, por estar más interesada en los canapés y el vino que en cumplir su misión, yo casi me muero. Mis temores se habían cumplido. ¡Salgo con cara de pelotuda!). En fin, que la Dra. Hernández hizo una crítica increíblemente favorable de mis poemas, y con eso, si me muriera ahora, tendría en el rostro una sonrisa de agradecimiento para toda la vida. Para finalizar el evento, una pareja muy joven de actores hizo una lectura dramatizada de dos de las aventuras de Cimi, la tarotista. Me tuve que pellizcar disimuladamente para no soltar la carcajada, estuvieron graciosos y no quería perder la poca compostura que me quedaba. El evento terminó entre aplausos y risas, y yo me fui quedando con el sabor glorioso de ver un sueño cumplirse. Hubo muchas palabras de aliento, felicitaciones y buenos deseos, las dos maravillosas mujeres, La Dra. Hernández y la Lic. Castillo fueron a despedirse deseándome mucha suerte en este camino de entretener al prójimo. Cuando  terminó el evento recorrí el museo y pensé en cuántas veces he deseado ser de Veracruz, un estado bello y rico en cultura, en tradición y folklore, tanto que hasta lo escogí para ser el escenario de mi novela “El Elegido”. ¿Quién me iba a decir que mi amigo querido, Enrique Salmerón me iba a regalar la oportunidad de presentar mi trabajo en este bello lugar? Yo pienso que algo debo haber hecho bien, que ahora tengo amigos como Yoselem y Rodolfo Divincenzo, Ariel Olivares, Enrique Salmerón, José Isidoro Ramos y muchos más, que han enriquecido mi vida convirtiéndola en una bella aventura.