sábado, 26 de noviembre de 2011

Tarot y Alquimia: "La Muerte" y "La Templanza"


Con el significado de estos dos arcanos finaliza la lectura alquímica de la sucesión de arcanos mayores, referidos a la segunda fase de la Obra Alquímica.


El paso de “El Ermitaño” (arcano XI) por la experiencia de “El Colgado” (arcano XII) es lo que permite al iniciado prepararse para enfrentar a “La Muerte” (Arcano XIII), y cierto es que en buena medida sucumbe ante ella. Es la idea de que el héroe muere para renacer de sus cenizas (como el Ave Fénix), pereciendo a una forma de vida, a una visión del mundo y de todas las cosas, para renacer en un nuevo estamento, en un nuevo plano vivencial de la experiencia, en todos los sentidos.
Superado el trance, el iniciado obtiene “La Templanza” (Arcano XIV), tan necesaria para en lo sucesivo enfrentarse a la más grave de las fases de la Gran Obra Alquímica, puesto que con este logro culmina la Gran Obra en Verde.

 

“La Muerte”

 

Del mismo modo que se le debe advertir al consultante de una lectura ordinaria de Tarot, que la aparición de tan tenebrosa carta no siempre, o muy pocas veces representa de hecho a la misma muerte física, en la lectura alquímica que realizamos de la sucesión de arcanos mayores de la baraja de Tarot, nunca, en ningún caso esta representa la muerte literal del iniciado.
Se produce, como decimos, sí, la muerte de una forma de concebir o visualizar al mundo o a la realidad, tal como se venía realizando hasta ahora, de modo que el sujeto realmente sentirá haber “renacido” como otra persona, si bien puede reconocer que su esencia propia es siempre la misma.
En un orden exotérico, lo más parecido a esto que decimos es el paso de la infancia a la adolescencia, de la adolescencia a la juventud, de la juventud a la adultez y de esta a la ancianidad, en que, precisamente, el individuo pierde características propias de cada etapa, y adquiere las respectivas a la que ahora le toca vivir.
Desde el punto de vista esotérico, el iniciado vivirá este proceso tantas veces como necesite volver a empezar con toda la Gran Obra. Comprendamos que esta tarea de Alquimia no trata solo de comprender racionalmente toda esta historia narrada en la sucesión de arcanos mayores, sino que hay que saber llevarla a cabo de manera práctica, tratándose de un plan que se ve atravesado por más contratiempos de lo que puede parecer en un primer momento.
La Obra suele arruinarse la mayor parte de las veces por desviaciones en que incurre el iniciado, por desánimo o por todo lo contrario, por sobrestimar los logros hasta entonces conseguidos. La mayor parte de las veces estos desvíos hacen que el trabajo quede irrecuperable. Es entonces que el iniciado debe saber abandonar y comenzar todo de nuevo.

 

El tiempo de los procesos alquímicos

 

El tiempo y la sucesión de etapas del trabajo de Alquimia no es algo que se dé de manera estructurada y proporcionada, como puede ser el temario modular de una carrera universitaria. Todo depende del iniciado, de la realidad del individuo y del concurso de factores diversos. Algunas etapas pueden trabajarse de manera simultánea; otras, pueden pasar años sin que se advierta pueda haberse operado algún cambio, respecto de la situación vigente. La mayor parte de las veces, el iniciado llega al final de su vida sin saber exactamente en qué etapa se encuentra. Son pocos los casos – los de los maestros – que pueda decirse han completado la Gran Obra en vida.

 

Muerte y reencarnación

 

Mouni Sadhu, en su libro, El Tarot, pone especial énfasis en el doble significado de esta carta, como “muerte y reencarnación”. De este modo, el iniciado “reencarna” en vida toda vez que logra consumar la alegoría de este arcano, del mismo modo que la muerte física misma de cualquier persona está relacionada por símbolo o alegoría con este arcano. Pues la vida misma de cualquier ser humano se ve comprendida en su desarrollo por un plan alquímico, aún de forma inconsciente para el individuo. Es de lo que trata la alegoría de “la vía seca” y “la vía húmeda”.

 

La vía seca y la vía húmeda

 

Leonardo Da Vinci era un alquimista. O al menos conocía algunos de sus simbolismos. En el paisaje de fondo de La Gioconda, se ve un sendero que corre paralelo junto a un río, dirigiéndose ambos a la cumbre de una montaña.
La vida y la sucesión de reencarnaciones, ordinaria la primera como podemos llegar a vivirla, es un gran plan alquímico, que en una encarnación u otra nos conducirá a la gran meta, la obtención de la Piedra Filosofal, el volvernos seres plenamente conscientes e integrados con el universo. A eso se le llama “vía húmeda” y en eso consiste la ley de Karma, no en un sentido superior más o menos justiciero, que “premia y castiga”.
La “vía seca”, en cambio, es una posibilidad para gente apurada, que no se contenta con dejar que la naturaleza siga su curso. El plan, de cualquier manera, ya está trazado. Quien emprende la “vía seca” no hace más que estudiar la naturaleza en este sentido, e intentar ayudarla a acelerar el proceso alquímico.

 

“La Templanza”

 

Consumado positivamente el significado del arcano de “La Muerte”, el iniciado conquista “La Templanza”, tan necesaria para lo que resta de la Obra.
Con esta carta finaliza la segunda fase del trabajo, la así llamada “Obra en Verde”, para pasar a la última fase, la más grave de las tres, la “Obra al Rojo”, la que nos conducirá de saber llevarla a cabo sin tropiezos a nuestra meta final.