domingo, 27 de noviembre de 2011

'Sammy y Yo', una película sin prejuicios


De 2002, esta película argentina homenajea el mejor cine de Woody Allen, con la actuación de Ricardo Darín, Angie Cepeda y Roberto Pettinato.


Cuando la influencia y/o el homenaje son aceptados sin ambages por un realizador, sin lugar a dudas las comparaciones serán inevitables, algo que, como dice el dicho popular, “siempre es odioso”.
En 2002, el director argentino Eduardo Milewicz filmó Sammy y Yo, con un elenco de actores notables y un guión sólido, que sin embargo desde el principio se arriesga a la comparación, y por ende, a la pérdida de interés por parte del espectador.
Es que Milewicz en ningún momento disimula – sino que casi se esfuerza en dejar sentado – su influencia y su admiración (nada menos) que por Woody Allen, de quien por completo traza una simetría que al principio puede interpretarse como de una notable ingenuidad, al no dar lugar al espectador, quizás, otra vez decimos, sustraerse del recuerdo y la comparación.

 

Ricardo Darín, un actor consagrado

 

Ricardo Darín es el protagonista de esta historia, que por lo antedicho, sin su participación hubiera sido mucho más difícil de remontar. Si no fuera por su gran carisma y sus dotes actorales tan agradables de observar, en la primera media hora se podría perder algún público.
Más tarde la trama gana en profundidad y progresivamente la película cobra un valor que ya la independiza de su influencia, ganando realmente entidad por sí misma. Finalmente el espectador saldrá satisfecho y contento de haber sabido esperar.
Ricardo Darín venía de consagrarse en El Hijo de la Novia (2001), de Juan José Campanella (el mismo director de El Secreto de sus Ojos (2009), protagonizada también por Darín, y ganadora del Premio Oscar), y ya comenzaba a ser “garantía de buena película”, por lo que su presencia comenzaría a ser cada vez más requerida, por las productoras, al momento de realizar esta interpretación.


Sinopsis argumental de Sammy y Yo


Sammy es un típico cuarentón judío, sometido desde siempre por su idishe mame (las madres judías tienen fama de ser terribles sometedoras); su hermana, y cuanta mujer se le relacione, que trabaja como guionista para un despótico showman, al estilo Jay Leno (otra influencia y homenaje evidentes, en la interpretación del personaje por parte del músico y conductor de TV, Roberto Pettinato, quien siempre ha declarado su admiración por su par americano). Seguramente huelga decir que Woody Allen es judío y comenzó su carrera como guionista de monólogos para la TV.
En determinado momento Sammy conoce a una productora de televisión, colombiana y con una personalidad completamente liberal y vanguardista (interpretada por Angie Cepeda), que lo insta a tomar las riendas de su vida, a hacerse responsable y tomar consciencia de su propio valor. Pero Sammy es un neurótico acobardado desde siempre, por lo que la relación con la chica lo conducirá a una profunda crisis.
Como en toda buena película “alleniana”, las “chicanas”, réplicas veloces e ingenios discursivos son profusos y agudos, así como la sucesión de personajes esnobs y extravagantes, y las referencias a la ciudad.
Es lo que puede conducir al espectador a recordar y comparar casi de manera permanente, en detrimento de lo que se está viendo, pero a mitad de la película el drama se profundiza (Darín ya ha ganado con su simpatía), la película cobra independencia y entidad propia, como dijimos, y finalmente el espectador saldrá satisfecho en haber invertido su tiempo en esta cinta.


El elenco de Sammy y Yo

  • Ricardo Darín (Sammy)
  • Angie Cepeda (Mary)
  • Alejandra Flechner (Esther)
  • Cristina Banegas (Laura)
  • Henny Trayles (Mamá de Sammy)
  • Alejandra Darín (Débora)
  • Rita Cortese (Liliana)
  • Carolina Pelleritti (Ofelia)

 

Eduardo Milewicz, un director sin prejuicios

 

Finalmente, lo que al principio puede juzgarse como arriesgado en esta película, termina constituyendo un valor agregado, la audacia de “homenajear” de esta manera (hay que decirlo, sin llegar nunca a la imitación abstrusa) al realizador admirado; lo que termina siendo una manifestación amorosa y desprejuiciada de completa validez.
Otra película de Eduardo Milewicz es La Vida según Muriel (1997), con Soledad Villamil e Inés Estévez.