jueves, 24 de noviembre de 2011

¿Qué es la alquimia?

¿Realmente se puede "convertir plomo en oro"?, ¿o los alquimistas medievales usaban esa figura como símbolo de otra cosa?


Heredado a los europeos de los árabes, a partir del siglo VIII de nuestra era, estos habían adquirido el conocimiento del antiguo Egipto; ya en el mundo cristiano la alquimia conoció su apogeo durante la Edad Media. Mayormente, la materia se habría introducido en Europa a través del comercio mantenido con Bizancio, y con las invasiones árabes a la Península Ibérica.
Otra vertiente, ya más tardía, es la de los Cruzados, que a partir del siglo XII introducen material de conocimiento a Europa, desde el mundo musulmán.

 

Etimología de su nombre


La teoría más probable respecto del significado de su nombre, es la que dice que está conformado por las raíces árabes “als” (que significa sal) y “quimia” (fusión).
En cuanto a una etimología rigurosa, quizás lo antedicho no sea del todo así, puesto que los alquimistas eran adeptos al uso de la cábala fonética (o “lenguaje de los pájaros”), que trataba, precisamente, de darle significado a las palabras, de idioma a idioma (en una suerte de traducción caprichosa), por como suenan al pronunciarlas oralmente, no por su verdadero significado respecto de los signos. De esta costumbre es que nace el “argot” y todos los lunfardos del mundo; precisamente, significando la palabra “argot” (en argot) “ars got”, es decir, arte gótico.

 

El objetivo de la alquimia


Los antiguos alquimistas tenían la pretensión de poder convertir el plomo en oro, por medio de un proceso que en general llamaban Gran Obra, siendo el resultado la obtención de la Piedra Filosofal (el elixir de la inmortalidad, era un resultado previo, y es de estos intentos que nace la homeopatía). Todo esto se lograba a través de la transmutación de los metales, reduciéndolos a su quintaesencia.

 

Transmutación y quintaesencia


La transmutación no consistiría en una mera transformación, ni modificación ni mutación, sino que se trataría verdaderamente de la conversión de una cosa en otra (el plomo en oro), por la obtención de su quintaesencia, una sustancia nueva, nacida de la fusión de los elementos agentes pertenecientes a los cuatro elementos (aire, tierra, agua y fuego), que habría en todas las cosas.

 

Hermetismo y sociedades secretas


El término “hermetismo” deriva del nombre de Hermes Trimegisto, mítico personaje griego que habría escrito el primer tratado de alquimia, la Tabla Esmeraldina, y se aplica a todo discurso en lenguaje críptico, oscuro, difícil de entender.
Pronto su arribo al mundo cristiano, la Iglesia Católica vinculó enseguida a la alquimia con la brujería y el satanismo, por lo que sus adeptos debieron constituirse en sociedades secretas, y a practicar el hermetismo. De ahí surgen nombres legendarios como el de los Rosacruces, los Templarios, los masones, entre otros.
Fueron alquimistas famosos y reconocidos, entre otros, Roger Bacon, Nicolás Flamel, Arnaldo de Vilanova, Tomás de Aquino, Raimundo Lulio, el Papa francés Juan XXII (sí, también hubieron alquimistas entre los supuestamente contrarios), Basilio Valentín, Thomas Norton, George Ripley, Bernardo Trevisano, Paracelso, entre muchos más.
Siendo sin lugar a dudas los dos últimos alquimistas que haya conocido la historia, ya en nuestros tiempos, Fulcanelli y Georgi Gurdjieff.

 

Simbolismo y alquimia


Uno de los estudios más importantes y serios que existen acerca de la alquimia, es el realizado por el psicólogo Carl G. Jung, en su libro Psicología y Alquimia, que se concentra mayormente en el simbolismo contenido en la creencia.
Durante siglos, químicos y otros científicos han declarado acerca de la imposibilidad respecto en lo literal, de lo que significaría poder convertir plomo en oro.
Jung asegura que la pretensión no consistió jamás en otra cosa más que en una alegoría. La intención de los alquimistas de todos los tiempos no habría sido otra que el estudio de una posible evolución armónica del hombre, en el plano espiritual y psíquico, tomando sin lugar a dudas, sí, la figura del plomo como símbolo del estadio original (el hombre ordinario, tal cual nace), hasta una probable meta ulterior de evolución (el hombre superior, el oro).
El cristianismo esotérico (una manera de interpretar la alquimia) pone a la figura de Jesús como a aquel oro, al que se debe “transmutar”; siendo la condición de “Cristo” el símbolo de la Gran Obra entera.