viernes, 25 de noviembre de 2011

"Para leer al Pato Donald" de Dorfman y Mattelart


En 1972 se publica este libro, que fue un "boom" de ventas, donde se denuncia la intención de Disney de influir ideológicamente en su público infantil.


Hay cosas que nadie hace. Ningún adulto revisaría el contenido de una revista del Pato Donald, que le compra al hijo, por ver que no se deslicen valores foráneos a nuestro juicio, simplemente, en lo relativo a la formación que deseamos para ellos.
Hay cosas que no se cuestionan. Una de ellas, es la confianza ciega acerca de lo inofensivo de los productos Disney.

 

El libro

 

Aparece en Chile en 1972; en pleno auge del gobierno de Salvador Allende, Ariel Dorfman y Armand Mattelart publican Para Leer al Pato Donald, un análisis exhaustivo de páginas y más páginas de las publicaciones de Disney, presentando las copias literales de las fuentes, esto es, las páginas mismas de las historietas, de decenas de números de las revistas Disneylandia, Fantasías, Tío Rico y Tribilín, todas pertenecientes al grupo Disney, denunciando la permanente alusión a valores propios del capitalismo, el colonialismo, las diferencias de clases, el menosprecio por el así llamado “tercer mundo”, el desprecio a lo diferente y a lo extraño, entre otros temas del mismo tenor.
El libro fue pronto un éxito de ventas, se tradujo a los principales idiomas y se habló de él en todo el mundo.
En los diarios principales de todos los países, se lo trató no en las secciones de crítica literaria sino en la de política. “El Pato Donald contra Allende”, llegó a titular el diario de mayor tiraje en Francia, France Soir, mientras que El Mercurio, el diario de derechas chileno, no mostraba ningún humor al tratar del tema.

 

Disneylandia como centro de entretenimiento

 

El motivo central del entretenimiento es la distracción eventual, el recreo, de los problemas cotidianos de la vida, que agobian a quienes las padecen. Sin distracción, hay estrés.
En el caso de los niños se suma el desarrollo de la capacidad imaginativa, y el tenerlos ocupados en algo; ergo, si los chicos se distraen, los adultos los mantienen controlados.
En ese marco, históricamente Disney se ha autopropuesto como sitio de contención y protección para los niños, de los peligros del mundo, en ausencia de la atención de sus padres. Si una madre debe atender a sus quehaceres, qué mejor que dejar al niño por unas horas leyendo historietas, qué peligro podría haber en ello.

 

La identificación con la lectura

 

Cuando un niño lee aventuras de superhéroes, desea involuntariamente ser alguno de estos, tener la capacidad de volar, tener superpoderes, etc.
Ningún niño se identificaría con el Pato Donald, por cierto, en el sentido de querer ser él. El Pato Donald es la figura de un ser torpe y cascarrabias, que se rige por la ley del menor esfuerzo, mezquino hacia sus sobrinos y sometido siempre a las maquinaciones ambiciosas de su Tío Rico.
¿En qué puede identificarse entonces un niño con los personajes del mundo Disney?.

 

Un Mundo Feliz

 

Como en la novela de Aldous Huxley, el mundo Disney es una abstracción (con sus propias reglas) del mundo real, que se distingue por mantenerse en permanente cambio, algo que siempre implica sufrimiento.
En la abstracción Disney las relaciones no son vinculantes sino axiológicas; los personajes no tienen padres ni hijos, sino sobrinos (que siempre y en todos los casos son mellizos o gemelos, o en su defecto, sobrinos únicos; Donald, Mickey, Tribilín, Daisy y Minnie los tienen así); se tienen tíos y primos, pero sin vinculación entre sí; las novias son eternas (el matrimonio nunca se concreta), siendo estas relaciones completamente asexuadas.
La falta de progenie exalta un mundo eterno, sin origen, por lo tanto sin final, sin cambios. Las familias de patos y ratones pueden dar varias veces vueltas al mundo en sus aventuras, pero siempre regresan a sus Patolandia y Ratolandia originales, como un presidiario en libertad condicional siempre regresa a la cárcel.
El tema del dinero está siempre presente en estas tiras, o bien porque a Tío Rico le sobra o porque a Donald le falta (lo que frecuentemente lleva al primero a esclavizar al segundo, respondiendo este siempre con resignado sometimiento).
Nunca en el mundo Disney las relaciones son amorosas; por lo contrario, siempre son mezquinas e interesadas, y a lo sumo, cuando alguien le hace bien a otro, siempre es por caridad o lástima.

 

La intención de ideología

 

Dada la estructura base antedicha, desde allí, Disney proyecta su mensaje ideológico (en este artículo, se agregan tiras de historietas que los autores incluyeron en su libro, a modo de ejemplo), apenas unos pocos.
  • En la imagen 1 se ve a Donald y sus sobrinos, junto a un jefe aborigen, que les promete una brújula a cambio de que enseñen una costumbre útil a su pueblo. “Les enseñaremos a cuadrarse ante sus gobernantes”, responden los patitos, en una clara apología del sometimiento. En el otro cuadro, Donald les arroja monedas a sus sobrinos, tal como un caballero inglés lo haría a los indigentes indios, de visita en su país.

  • Al final de la imagen 2, un patito juega con otro a “venderle una isla de las Indias orientales”, sin percatarse que en la realidad, ese lugar dispone de su propia soberanía.

  • En la imagen 3 se supone la correspondencia belleza física-bondad.

  • En la imagen 4 se exalta el poder de lo conocido ante lo diferente, Tío Rico dice del hombre de las nieves, al final de la tira: “Ahora, como poseedor de poderes mágicos, tendré a este estúpido abominable comiendo de mi mano”.

  • Imagen 5 (y última), los pueblos aborígenes están comunicados en línea directa con el Banco de Crédito Mundial, es decir, el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Conclusión

 

El libro de Dorfman y Matterlart ahonda en estos y muchos más ejemplos, aplicados a diferentes matices de la vida, donde se verifica la intencionalidad de la empresa Disney de fomentar una ideología con mecanismos perversos, donde prevalece el mensaje subliminal y la reorientación de valores, a los más pequeños.