jueves, 24 de noviembre de 2011

Michael Maier, músico y alquimista


Su obra, "Atalanta Fugiens", es una curiosa pieza que combina texto, ilustración y música.


Médico, matemático, alquimista y músico, Michael Maier fue quizás el primer artista en complementar diferentes disciplinas, dibujo, música y texto, en una sola obra.

 

Datos biográficos

 

Michael Maier nació en Rendsburg, en 1568, y murió probablemente en Magdeburgo, hacia 1631, ambas ciudades alemanas.
Era hijo de Johann Maier, del ducado de Holstein, o, según otras fuentes, de Petrus Maier, quien trabajó al servicio de Heinrich Rantzauz, gobernador de Schleswig-Holstein.
La relación con su madre, Severin Goebel, médica famosa de Gdansk y Koenignsberg, le permitiría consagrarse a muchos estudios.
Graduado en Medicina en Rostock en 1587, en 1589 se hallaba en Nüremberg; entre ese año y 1591 viviría en Padua. En 1592 se hallaría en la Universidad de Frankfurt, y en 1596 se lo encontraría en las Universidades de Basilea y Bologna.
En 1590 empezó a ejercer la cirugía. Aparece que antes de 1600 él ya era cortesano de Rodolfo II y escritor en la cancillería alemana, pero no es sino hasta 1609 que entra finalmente al servicio del emperador. Entre 1611 y 1614 viaja mucho, a Saxony, luego a Inglaterra y a Amsterdam, en ese período ingresa a la fraternidad Rosacruz. En 1618, entre una extensa obra publicada para ese entonces, aparece el Atalanta Fugiens.

 

El mito de Atalanta

 

Atalanta, en la mitología griega, fue hija de Esqueneo de Beocia o de Yaso de Arcadia. Disgustado porque no era un niño, su padre la abandonó en la falda de una montaña poco después de su nacimiento. Fue rescatada y amamantada por una osa y después criada por cazadores. Durante la etapa de su crecimiento, fue una diestra cazadora. La hazaña por la que se hizo especialmente famosa fue su participación en la cacería del jabalí en Calidón, una ciudad de Etolia, en la Grecia central.
De acuerdo con otra leyenda, Atalanta fue una veloz corredora que prometió casarse con quien pudiera vencerla en una carrera. Los que perdían eran asesinados, también por voluntad de ella, ese era el reto. El joven Hipomenes (o Melanión) ganó con la ayuda de Afrodita, la diosa del amor, quien le dio tres manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. Él las dejó caer una a una y, por detenerse a recogerlas, Atalanta perdió la carrera. Ella e Hipomenes fueron convertidos después en los leones que debían tirar del carro de Cibeles, a causa de una afrenta a los dioses (habían consumado el acto amoroso en el Templo de Cibeles). Partenopeo, su hijo, participó en la expedición de los Siete contra Tebas.

 

La obra de Maier

 

El libro de Maier se presentaba en el original en cincuenta capítulos, cada uno refiriendo a alguna particularidad de la leyenda, en analogía, también cada contenido, con una respectiva correspondencia de algún proceso u operación alquímica.
Cada capítulo a su vez venía acompañado por un grabado que presentaba la ilustración respecto de lo que se estaba tratando, realizados por Jean Theodore de Bry, el editor.
Pero lo quizás más curioso que presenta la obra, son las partituras (también, cincuenta) compuestas y adjudicadas por el mismo Maier, a cada uno de los capítulos, en pequeñas formas de fuga, con frases del texto extraídas y acomodadas a la música, para ser cantadas (como corresponde a esta forma) a tres voces.
Es imaginable que si Michael Maier hubiese sido contemporáneo, habría acompañado a su libro con discos de música.

 

Rodolfo II, el rey músico y alquimista

 

Respecto de Rodolfo II, se puede decir que fue de los pocos soberanos que concedieron a la alquimia protecciones locales particulares. En su juventud, Rodolfo había ascendido en España, en la corte de Felipe II, donde habría tomado gusto por las ciencias ocultas. Ya vuelto emperador, estableció su residencia en Praga, y en los primeros años de su gobierno se dedicó por completo al cuidado de los asuntos de estado, solo concediéndose momentos de ocio para sus estudios favoritos, de astrología y de alquimia. Pero el manejo de esos asuntos fue poniéndose cada vez más difícil, surgiendo problemas debido al aumento de la deuda pública, a causa de la guerra que debía sostenerse contra los turcos, por lo que decidió abandonar del todo la dirección del estado, confiando a sus ministros el gobierno del imperio, encerrándose él mismo en su castillo de Praga para dedicarse hasta el fin de sus días al estudio de la Piedra Filosofal.
Rodolfo tuvo por maestros, en astronomía, a Tycho-Brahe y a Kepler, y a John Dee y a Michael Maier en alquimia.
Todo esto se desarrollaba en el contexto político internacional que tuvo por escena principal a la Guerra de los Treinta Años, nombre que recibe el conjunto de los conflictos bélicos europeos que tuvieron lugar desde 1618 (año de publicación del Atalanta Fugiens) hasta 1648, en los cuales participaron la mayoría de los países de Europa occidental, y que en su mayoría se libraron en el centro de Europa.