sábado, 26 de noviembre de 2011

'Lo que me costó el amor de Laura', de Alejandro Dolina


La opereta criolla de Alejandro Dolina, en la que participan artistas de la talla de Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Ernesto Sábato, Sandro y otros.


Entre 1995 y 1998, el escritor, conductor, músico y pensador (si no filósofo), Alejandro Dolina, registró y publicó esta obra suya, definida por él como opereta criolla y titulada Lo que me costó el amor de Laura, contenida en dos CDs de música, acompañados por el libro del diálogo argumental completo, junto con las letras de las canciones.
Hubo una representación teatral de esta pieza, interpretada por actores y cantantes desconocidos, pero el disco cuenta con las colaboraciones de artistas de la altura de Mercedes Sosa, Joan Manuel Serrat, Ernesto Sábato y Les Luthiers, entre otros.

 

Alejando Dolina, de la revista Humor a "La venganza será terrible"

 

Bonaerense de alma y de nacimiento, Dolina se hizo popular escribiendo como columnista en la mítica revista Humor registrado, foco de resistencia intelectual en la época de la última dictadura militar en Argentina.
En 1988 publicó el que fue su primer libro, las Crónicas del Ángel Gris, que fue un éxito de ventas. Desde entonces ha publicado más libros, compuso numerosas canciones e integró distintos grupos musicales, como director y arreglador. Ha conducido programas de televisión y radio, y ha hecho apariciones en cine.
Su obra obtuvo muchos premios importantes, en todos los rubros por los que transita; fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, en 2001, y Visitante Ilustre de la Ciudad de Montevideo, Uruguay, en 2003, y ha recibido un sinfín de honores más, tanto en Argentina como en el resto de Latinoamérica. Desde 1988 conduce ininterrumpidamente su programa de radio La venganza será terrible.
Su sitio oficial (donde se puede disfrutar de multimedia) es www.alejandrodolina.com.ar.

 

La opereta criolla

 

Así denominó él su obra, la que nos trae en tema. Lo de “opereta” así entonces ajustaría en un subgénero, al que aquí se califica de “criollo” por contemplar estrictamente aires musicales propios del folklore argentino, mayormente el vals criollo, pero también el tango, la milonga, el candombe y la chacarera.
Sin embargo, la línea argumental de Lo que me costó el amor de Laura, guarda un ligero (respetuoso) dejo de parodia a los viejos sainetes criollos, una forma teatral argentina, de principios de siglo XX, que a veces cobraba ribetes de grotesco costumbrista, teniendo como antecedente, quizás, al entremés español, de los siglos XVIII y XIX.

 

"Lo que me costó el amor de Laura"

 

En el mismo prólogo del libro que acompaña la obra, el propio autor declara “los antecedentes de este modesto relato musical: el petrarquismo, según el cual la belleza femenina opera milagros por sí sola. El viaje purificador a través del Infierno. Los mitos sobre el amor como recompensa de una hazaña. La idea del arte y del amor como meras trampas de la muerte. La certeza de que los mozos nunca traen lo que uno les pide”, termina con una humorada.
Lo cierto es que esta sola declaración resume todo el argumento de la trama.
Manuel, el héroe de esta historia, entra al Bar Pampa, a conversar con un parroquiano, y a contarle su triste historia de amor. Hace un tiempo ha conocido a la que será el amor de su vida -Laura- una mujer tan caprichosa y superficial como hermosa, a la que confiesa sus sentimientos y ella le promete retribuírselos, a cambio de que le traiga la “llave del amor”.
Este sería un objeto que solo se consigue internándose en el infierno, y regresando de sus entrañas, completamente ileso.
Manuel emprende así un derrotero -narra- que le conducirá al encuentro con diferentes personajes muy extravagantes y cómicos, en diferentes paradas, hasta hacerse de la llave, la que debe llevar al Bar Pampa, donde será el reencuentro con su amada, para ya unirse por siempre con ella, según su promesa. Pero el final será inesperado.

 

El machismo criollo y la metafísica del tango

 

En su parodia, Dolina respeta el canon machista de la poética tanguera, donde la mujer siempre es, o bien una abnegada y asexuada madre lavandera de piletón, o bien una mujer superficial y materialista. “Ya no sos mi Margarita, ahora te llaman Margot” (tango Margot, de Flores y Ricardo), cantaba Carlos Gardel en 1921, y ese era un poco el patrón de toda esta lírica. No es sino hasta los años ’40 en que los poetas del tango empiezan a mostrarse un poco más respetuosos por la figura femenina, en tangos como Gricel (de Contursi) o Malena (de Manzi) -si bien esta última tenía problemas con el alcohol, ya por lo menos no era una amoral-.
Sin embargo, el pensador e historiador Juan Pablo Feinmann dice que había una metafísica en aquel tango de principios de siglo, donde para el poeta la mujer representa o simboliza a la Nación, al Estado, en pleno desarrollo de la “década infame”, en que como aquella Margot del tango, los políticos de la oligarquía argentina se malvendían a intereses materialistas y foráneos. Constantemente, al narrador de aquel tango la mujer lo estaba inexorablemente dejando por otro, por lo general, de mejor situación económica que él mismo.
Margot iba siempre “con los otarios a tirarte de bacana”; siendo de condición humilde, “con los tontos”, a “hacerse la cheta” (en Buenos Aires), “la pija” (en España) o “la fresa” (en México). Manuel dice que conoce a Laura en un casino, donde hace resonar las fichas de juego que lleva guardadas en su escote.

 

Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, Ernesto Sábato, Les Luthiers y Elizabeth Vernacci

 

El mismo Dolina interpreta a Manuel, en el disco, y la cantante Julia Zenko a Laura. Pero en el mismo trabajo aparecen las voces de Joan Manuel Serrat, Les Luthiers, Juan Baglietto, los Huanca Huá, Elizabeth Vernacci, Horacio Ferrer, Mercedes Sosa, Sandro y Ernesto Sábato, entre otros, cantando e interpretando distintos personajes.
La composición total de música y letra es de Dolina, y los arreglos de Federico Mizrahi. Participan la Orquesta Sinfónica Nacional, conducida por Pedro Calderón y el Coro del Colegio Nacional de Buenos Aires, dirigido por Marcelo Birman.
Se trata de una obra que hubiera merecido una mayor atención de los medios de difusión y de las productoras de espectáculos.