sábado, 26 de noviembre de 2011

Las películas de Frankenstein de Universal


La saga completa de películas de Frankenstein, de Universal, marcaron una época del cine de terror y bizarro.


Durante la época de la crisis económica del ’30, la industria cinematográfica era una de las más posibilitadas de resistir el embate, para lo cual las diversas compañías productoras debían saber definir sus estrategias e invertir en sus temáticas y estrellas, con alguna seguridad.
De éstas, una compañía menor era la Universal, que se decidió por el género de terror, que venía desarrollando desde la época del cine mudo, teniendo a Lon Chaney como su máxima figura.

 

Frankenstein, de James Whale

 

Iniciada la década, y con el advenimiento del cine sonoro, la compañía se decantó por Drácula para su siguiente producción, la que sería protagonizada por Chaney. Pero el actor murió antes de comenzar el rodaje, por lo que se optó por un ignoto Bela Lugosi, para la interpretación del papel.
El film fue tan exitoso en 1930, que se decidió abordar otro clásico del género, Frankenstein, un año más tarde, con el mismo equipo. Pero Bela Lugosi se negó a cubrir su rostro con maquillaje, argumentando que sus admiradores no lo reconocerían; el director, Tod Browning, también desistió del proyecto, por lo que fueron convocados James Whale, que ya había dirigido algunas películas para la compañía, de éxito menor, y a Boris Karloff para el papel del monstruo, quien hasta entonces solo había trabajado como actor de reparto.
El excelente trabajo de maquillaje de Jack Pierce, que elevó su diseño del monstruo a la altura de ícono cultural, sumado a la contundente expresividad que Karloff dio a la criatura, y el dramatismo que Whale reflejó en el guión, hicieron de esta película un éxito aún mayor que su antecesora, lo que acentuaría una legítima “veta” a la compañía, y la animaría a las continuaciones.


La novia de Frankenstein

 

Fue la secuela que continuó a la primera, Bride of Frankenstein, de 1935, que calificadamente rompería con el mito de “segundas partes nunca fueron buenas”, ya que a esta incluso se la considera mejor.
Aquí ya Karloff descolla en interpretación y hondura, y en general el argumento alcanza un dramatismo, con claros visos de crítica social. Concretamente, la escena en que la poblada alcanza al monstruo, le ata a un poste y lo enarbola como a un cristo, resulta conmovedora.


El hijo de Frankenstein

 

Entre unas y otras películas de las que mencionamos, la compañía producía otras del género, como Fenómenos (1932), de Tod Browning, El Hombre Invisible (1933), de James Whale o La Hija de Drácula (1936), de Lambert Hillyer.
La tercera entrega de la saga sería Son of Frankenstein (1939), ya sin la dirección de Whale, a quien lo suple Rowland V. Lee, y con la actuación de Basil Rathbone y Bela Lugosi, en el papel del jorobado Ygor, quien habría sido un asistente del Dr. Frankenstein, aunque no aparece en las anteriores películas.
Con todo, la participación de Lugosi es de lo mejor del film. Ya aquí se denota la decadencia del género, con una trama débil, empobrecimiento en los decorados, y la actuación de Karloff, que se remite a repetir “tics” de sus anteriores actuaciones, sin demasiado sentido.

El fantasma de Frankenstein

 

Ghost of Frankenstein (1942), de Erle C. Kenton es entonces la cuarta entrega, ya sin Boris Karloff, y con Lon Chaney Jr. en el papel vacante, que viniera un año antes de protagonizar El Hombre Lobo, de George Waggner. En esta, Lugosi repite su personaje de la película anterior.
Con todo, este es uno de los mejores productos de la saga, en épocas de su prematura decadencia, con Chaney confiriéndole un perfil mucho más terrorífico al monstruo, al que lo vuelve más autómata, una verdadera “máquina de matar”.


Frankenstein y el Hombre Lobo, dos al precio de uno

 

Con Frankenstein Meets The Wolfman (1943), de Roy William Neill, ya la decadencia se vuelve disparate, con Chaney volviendo a su papel de hombre-lobo, y Bela Lugosi encarnando esta vez al monstruo, ya sin preocuparle evidentemente el no ser reconocido por sus fans, y avanzada su adicción al alcohol y las drogas, por lo que se dice, en varias escenas debió ser reemplazado por un extra.
En esta historia, el hombre lobo vuelve a la vida, luego de ser profanada su tumba, con la esperanza de hallar al Dr. Frankenstein, quien podría curarle de su licantropía, él piensa. Se encuentra con que el viejo doctor ya murió, pero no así su criatura.
El trabajo de Lugosi resulta aquí patético, y la lucha de monstruos del final, que podría haber sido la gran escena, para los fanáticos de la serie, resulta un fiasco.

La mansión de Frankenstein

 

También conocida en español como La Zíngara y los Monstruos, House of Frankenstein (1944), de Erle C. Kenton, trae de vuelta a Boris Karloff, esta vez en el papel de un científico loco, y suma a los principales personajes de la compañía, Drácula, el hombre lobo y el monstruo de Frankenstein, esta vez protagonizado por un ignoto llamado Glenn Strange.
Lon Chaney insiste con el hombre lobo, pero esta vez a Drácula lo personifica John Carradine. Curiosamente, el personaje central de esta película tiene muy poca participación.
Con todo, se disfruta la actuación de Karloff, un actor a prueba de malos guiones, en la que sería su última participación en la saga.

La mansión de Drácula

 

Ya sin Karloff, el equipo vuelve a ser reunido en House of Dracula (1945), del mismo director. Ya aquí el disparate es total, con un Drácula y un hombre lobo que pretenden ser curados de sus respectivas maldiciones por un científico loco, ya sin explicarse cómo es que los personajes han regresado a la vida, después de sus últimas muertes.
Al final de la película, el inefable Lawrence Talbot es curado de su licantropía.
Quedaría una última película, junto a Abbott y Costello, en que los tres monstruos clásicos participan, Abbott & Costello Meets Frankenstein (1948), de Charles Barton, otra vez con Bela Lugosi como Drácula.