viernes, 25 de noviembre de 2011

La mansión de Clos-Lucé, la última morada de Leonardo Da Vinci


Un paseo de interés artístico e histórico, de bajo presupuesto, por una de las regiones más hermosas de Francia.


Todo a lo largo del río Loira, desde Orleans hasta Nantes, en lo que era llamado “el camino de los reyes”, periplo de recorridos y paradas de monarcas y cortesanos, en viajes de descanso, se erige un conjunto de castillos y mansiones, importantísimo tesoro de valor artístico e histórico.
Promediando el trayecto se encuentra la ciudad de Tours, y en sus proximidades, el pueblo de Amboise, que alberga la mansión donde terminara sus días el eximio florentino, Leonardo Da Vinci, el Manoir de Clos-Lucé.

 

Antecedentes históricos de la mansión

 

A solo 500 metros del castillo de Amboise, con el que además está comunicada por un pasaje subterráneo, Clos-Lucé fue construida por Étienne Le Loup, a mediados del siglo XV, y adquirido en 1490 por el rey Carlos VIII de Francia. Más tarde, sería utilizado por el rey Francisco I.
Da Vinci viviría aquí desde 1516 hasta el día de su muerte, el 2 de mayo de 1519. Como anécdota se cuenta que Leonardo tuvo su famosa Gioconda o Mona Lisa en este edificio, siendo de las pocas obras suyas que decidiera conservar, en la que fuera su última mudanza.

 

El paseo por el valle del Loira

 

Para el recorrido de todo el trayecto a lo largo del Loira, al turista se le aconseja adquirir una excursión guiada, en la ciudad de Orleans. En el paseo se harán paradas por las principales ciudades y pueblos, constitutivos de un paisaje que resulta en un verdadero vergel, multicolor y perfumado por los viñedos que le circundan, en las suaves pendientes de las colinas, y por los tibios olores de las confituras que se venden en las pintorescas aldeas medievales, preservadas para el turismo, con hermosos y antiguos centros comerciales, bellas iglesias y fastuosos castillos.
Una de las paradas obligadas de toda excursión organizada es el pueblo de Amboise.
Como en todos los lugares del recorrido, se podrá disfrutar allí del comercio de quesos, vinos, confituras, y todo tipo de delicadezas regionales.

 

La mansión de Da Vinci

 

Se trata de un exquisito chalet de tres plantas, al que se ingresa por la parte posterior y por la primera planta.
La mansión se encuentra completamente equipada, con el mobiliario y los enseres originales de la época del artista. Resulta realmente emocionante al viajero contemplar el mismísimo escritorio al que se sentara a trabajar Leonardo, el despacho donde recibiera visitas, con sus alfombras, sillones, bibliotecas y armarios.
El dormitorio completo; la espaciosa cocina, donde se preparaban sus comidas, con todos los cacharros (algunos mostrando signos obvios del paso del tiempo), mesas y sillas; la capilla particular, donde el artista iría a realizar sus oraciones.
Sorprende la pequeñez de su cama y de todos los demás muebles; la baja altura de los marcos de las puertas, de no más de 1,70 metros, que demuestra la baja estatura de la gente de la época.
Todo el edificio se halla rodeado de un jardín hermoso, provisto de bajos laberintos de ligustro, rosales y toda especie de plantas floridas y coloridas; más allá se abre un parque frondoso, surcado de angostos canales, conservando aún el diseño de parquizado original, habiendo bancos de piedras dispersos por todas partes, y puentes de troncos que atraviesan los canales, aquí y allá. A los mismos se puede ingresar de forma gratuita, aún no pagan el precio de entrada a la mansión, que no obstante no es costoso.

 

Las artes de Leonardo Da Vinci

 

En los sótanos de la casa se exhibe toda una colección de prototipos de los inventos del artista, diseñados por la empresa IBM, donde pueden verse, a escala, el proyecto de ametralladora y el del aeroplano, cañones y otros distintos aparatos, incluso, algunos de uso doméstico.
El arte y la historia se conjugan en este paseo inolvidable, de bajo presupuesto y no muy alejado de París.