lunes, 28 de noviembre de 2011

'La Antena' (2007), de Esteban Sapir


Una gran pelicula argentina, casi desconocida, con las actuaciones de Alejandro Urdapilleta, Valeria Bertucelli, Julieta Cardinali y Florencia Raggi.


En “La Ciudad sin Voz”, la gente no tiene voz para hablar, en su lugar, líneas de texto salen de sus bocas, las que deben leer como a cómics para entenderse.
En esta ciudad todo se halla monopolizado por una misma empresa, que tiene a la televisión por su principal compañía. El Sr. TV es el dueño del monopolio.
El logotipo del monopolio es una espiral, como las de los aparatos de hipnosis; el que parece ser el único alimento de los habitantes de esta ciudad, son unas galletas con la forma de esta espiral.
Sin embargo “La Voz” es una mujer que si tiene voz, por lo que es la estrella indiscutida de la TV, una cantante. Otras distracciones son el boxeo y un concurso para convertirse en “hombre-globo” (literalmente, meten a las personas en unos trajes inflados con helio, y los echan a volar).

 

Un cuento al mejor estilo Tim Burton

 

Filmada completamente en blanco y negro, y prácticamente “muda”, como las películas de inicios del cine, este film es de una enorme y sorprendente poética, de un bello lirismo, sostenido en un guión original y una producción permanentemente impecable.
La escenografía, utilería y vestuario remiten a los años 30 (a la época de “la depresión”), con preciso detalle; la ciudad es un lugar donde cae nieve de manera permanente.
“La Voz” tiene un hijo, el niño sin ojos, que de manera hereditaria también tiene la capacidad de hablar, pero su madre le obliga a guardar el secreto, “porque es peligroso”, dice.
Ambos viven en una casa de “la calle del eclipse”, donde también vive Ana, una niña vecina, que reside enfrente de la casa del niño sin ojos. Cuando las cosas se pongan mal, ella y sus padres les ayudarán a sobrevivir.

 

Un homenaje al cine de todos los tiempos

 

Aquí y allá a todo lo largo de la película, se suceden elementos, que son como “guiños” al espectador, en referencia a grandes películas de la cinematografía universal.
No pocas escenas remiten en sus decorados amplios a la escenografía del cine expresionista de los años ’30; el Sr. TV usa zapatones como los del monstruo interpretado por Boris Karloff en Frankenstein (1931), de James Whale; a “La Voz”, en determinado momento se la somete a un experimento, cuya escena es una réplica muy lograda de la famosa de la mujer-robot, de la película Metropolis (1927), de Fritz Lang; una luna con rostro recuerda inmediatamente a la de Viaje a la Luna (1902), de Georges Méliès.
El padre de Ana tiene un cristal de sus gafas quebrado, como los personajes que interpretaran Kirk y Michael Douglas, respectivamente, en las películas Cat and Mouse (1974), de Daniel Petrie, y Falling Down (1992), de Joel Schumacher. Precisamente, en Falling Down, Michael Douglas homenajea a su padre, por su actuación en Cat and Mouse, utilizando el mismo tipo de gafas de lectura, con un cristal quebrado, y por la similitud en las naturalezas de ambos personajes.

 

El director, Ernesto Sapir

 

Con 44 años de edad, esta es su segunda película como director, luego de Picado Fino (1993). Anteriormente, trabajó mayormente en fotografía, en películas como La Vida según Muriel (1997), de Eduardo Milewicz, Un crisantemo estalla en cinco esquinas (1997), de Daniel Burman, o en Cohen vs. Rossi (1998), de Daniel Barone.

 

Elenco

 

  • Valeria Bertucelli (Hijo de Señor TV)
  • Alejandro Urdapilleta (Señor TV)
  • Julieta Cardinali (enfermera)
  • Rafael Ferro (inventor)
  • Florencia Raggi (La Voz)
  • Sol Moreno (Ana)
  • Jonathan Sandor (Niño sin ojos)
  • Raúl Hochman (Hombre-Ratón)
  • Ricardo Merkin (Abuelo)
  • Carlos Piñeyro (Dr. Y)
  • Camila Offerman (Niña Hada)
Es el vuelo poético de esta película, que requiere de la intervención de la dúctil actriz, Valeria Bertucelli, en un rol masculino, por ejemplo; la grotesca pero siempre superlativa interpretación de Alejandro Urdapilleta (que da tan bien su perfil para el arquetipo de “villano del cine mudo”), acompañada por la hermosa partitura de Leo Sujatovich, lo que hace a esta película única en su tipo, disfrutable y por lo tanto recomendable, aunque ya se cataloga como “objeto de culto”, dado el evidente desinterés por parte de los medios tradicionales de promocionarla y difundirla.