sábado, 26 de noviembre de 2011

Hollywood y el cine de posguerra


El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso nuevos cambios para la industria del cine, como la aparición de nuevas temáticas, y el inicio del cine de autor.


La estrategia de la industria del cine de acoplarse a la realidad de la guerra para sortear sus problemas financieros, devenidos de la gran crisis del ’30, tuvo su buen efecto temporal, pero ya finalizada la contienda se vería obligada a amoldarse otra vez a los nuevos tiempos, en que las principales contrariedades las presentarían los directores que habían participado en el frente, en su deseo de dar su propia visión de la experiencia (lo que daría comienzo al cine “de autor”), y la inminente aparición de la televisión.
La tensión bélica momentáneamente se disipaba en la sociedad, que ahora parecía ávida de un mensaje pacifista y tranquilizador, tendencia de la cual surgen éxitos de taquilla como The Best Years of Our Lives (1946), de William Wyler, o It’s a Wonderful Life (1945), de Frank Capra.

 

Las nuevas iniciativas, pasada la Segunda Guerra Mundial

 

El deseo de hallar buenos argumentos y el problema presupuestario de los estudios, condujeron a que las figuras más importantes de Hollywood comenzaran a fundar sus propias compañías productoras, así, por ejemplo, Capra, Wyler y George Stevens, asociados, establecen Liberty, donde cada uno se dedicaría en la doble función de productor y director. No obstante, continuarían trabajando al principio en colaboración con las grandes productoras, pero mayormente en cuanto a temas de difusión y distribución.
En los primeros tiempos muchas figuras se negarían a independizarse, y el intentar llevar adelante las nuevas iniciativas obligó a los directores a sucesivos cambios de género; de ello es que las historias de detectives terminarían reemplazando a las de gangsters de la década pasada.

 

Billy Wilder, una visión cínica de la vida

 

La búsqueda de buenos argumentos lleva a este director a la crítica social y a historias turbias, algo desacostumbrado hasta el momento, en la larga tradición hollywoodense, de películas de trama liviana, melodramas y comedias. Películas como The Lost Weekend (1945), Sunset Boulevard (1950), Ace in the Hole (1951), o Stalag 17 (1953), son pruebas de ello.

 

La gran oportunidad de Alfred Hitchcock

 

Fue uno de los primeros directores en plegarse a la nueva tendencia, y en ser considerado de los fundadores del “cine de autor”, realizando en este período sus películas más logradas, como lo son Rope (1948), Under Capricorn (1949) o I Confess (1953), entre tantas otras.

 

Orson Welles director

 

Luego de cuatro años de labor como actor, Welles se atreve por primera vez a la dirección, con The Stranger, de 1946.
Tras el tropiezo que sufre en críticas y taquilla con The Lady from Shangai (1948), apunta a la obra de Shakespeare, con realizaciones tales como Macbeth (1948) y Othello (1952).

 

El eterno Charles Chaplin (Guerra Fría y macartismo)

 

Precisamente, se dice que fue Orson Welles quien le dio la idea de filmar Monsieur Verdoux (1947), la primera película sonora de Chaplin, quien no se hallaba seguro de saber manejar esta nueva característica, prueba de ello es que la película está poblada de diálogos innecesarios.
Sin embargo, Chaplin siempre sería un ídolo popular, el éxito jamás dejaría de acompañarle, y así es como se permite una segunda película hablada, ya con mucho más equilibrio, Limelight, de 1952.
Son los años de la Guerra Fría y del macartismo, y Chaplin es expulsado de Estados Unidos, debido a sus declaraciones, contrarias a los intereses de ese país. Se establece entonces en Londres, donde filma A King in New York (1957), que por su orden expresa no se exhibiría en aquel país.

 

John Huston en posguerra

 

Regresa con el género de aventuras, con The Treasure of Sierra Madre (1948) y Key Largo, del mismo año.
Luego del fracaso de We Were Strangers (1949) (equívoca apología sobre las actividades revolucionarias en Cuba), consigue otro éxito con The Asphalt Jungle (1950), donde acentúa la visible búsqueda de temáticas más serias e interesantes, aquí con un policial negro de ribetes psicológicos.

 

Los nuevos directores: Elia Kazan

 

Su primera película fue A Tree grows in Brooklyn (1945), a la que le siguen The Sea of Grass (1947) y Boomerang, del mismo año, alcanzando enseguida una elevada reputación como director sutil y agudo observador, de las problemáticas sociales y los perfiles psicológicos de los personajes. Su consagración total sin embargo (y precisamente), llegaría con A Streetcar named Desire, de 1951, adaptación de la obra teatral de Tenensee Williams.

 

La supervivencia de los grandes estudios

 

La aparición del cine independiente marcaría nuevas tendencias estéticas, como el regreso a las locaciones naturales, puesto que las pequeñas compañías no contaban con grandes platós, por lo que los estudios tradicionales comenzarían a imitarlos, incluso en la búsqueda de mejores argumentos que narrar, o, por lo contrario, apostarían a sus características típicas, los efectos especiales y las megaproducciones.
Entre las películas más realistas se hallan entonces algunas como The Street with No Name (1948), de William Keighley, The Snake Pit (1948), de Anatole Litvak, o The Razor’s Edge (1946) de Edmund Goulding.
Entre las superproducciones, se cuenta con Samson and Dalilah (1949) y The Ten Commandments (1956), ambas de Cecil de Mille, o Quo Vadis? (1951), de Mervin LeRoy.
Por lo demás, las comedias livianas y los melodramas seguían siendo de las costumbres más arraigadas hollywoodenses.
Otros éxitos de esta época fueron Gilda (1946), de Charles Vidor, The Naked City (1948), de Jules Dassin o Joan de Arc (1948), de Victor Fleming.