lunes, 28 de noviembre de 2011

Hanna-Barbera, la factoría más prolífica del dibujo animado


Desde poco antes de iniciarse los años 60, Hanna-Barbera han creado centenares de series, que van desde Tom y Jerry a Las Chicas Superpoderosas.


William Hanna (1910-2001) y Joseph Barbera (1911-2006) se conocieron en la época de la depresión, trabajando para Metro Goldwin Mayer, donde crearon Tom & Jerry, los personajes que desde un principio les llevarían a la fama más absoluta.
En 1957, entonces, deciden independizarse y montar su propia productora, en la cual crearían un sinfín de personajes, de mayor, mediano o menor éxito – y calidad – pero que los constituiría en la factoría de dibujos animados con mayor cantidad de productos publicados.
Fueron creadores de personajes originalísimos que quedarían en la historia del género, para siempre, así como también supieron producir otros de dudoso gusto, versionar personajes reales (Laurel y Hardy, Abbott y Costello, los Tres Chiflados, Jerry Lewis) o continuar series de otros autores (Superman y Batman), con un criterio sin lugar a dudas puramente comercial, dada la escasa calidad de estos productos.
También se rescata que trabajaron hasta sus últimos años; Las Chicas Superpoderosas, de 1998, fue el último de sus éxitos, al menos de producción si no de creación.


Huckleberry Hound (1958)


Fue su primer éxito después de Tom y Jerry, y de una tira sobre un gato y un perro (Ruff y Reddy, de 1957, que no tuvo mayor trascendencia).
El perrito azul de acento sureño dio lugar en su show a Jinks y Pixie y Dixie (también con acentos sureños, pero que en el doblaje el gato Jinks sonaba andaluz y los ratoncitos, mexicano y cubano, respectivamente). Esta serie fue el primer dibujo animado en ganar un Premio Emmy.


Tiro Loco McGraw (1959)


El caballo sheriff del Lejano Oeste, acompañado por el burrito mexicano Pepe Trueno (en el doblaje, Tiro Loco hablaba como “sajón que habla español”); a veces parodiaba a El Zorro. En su show aparecían Superfisgón y Despistado, un gato y un ratón detectives (que cortaba con la tradición de pelea eterna entre gatos y ratones en dibujos animados), y Canuto y Canito, padre e hijo caninos.


Los Picapiedra (1960)


Con esta familia de cavernícolas Hanna y Barbera se salen del típico producto infantil (creando un verdadero antecedente de Los Simpson) y teniendo por lo mismo algunos problemas con las cadenas de TV, para estrenar la serie.
Al igual que ahora en Los Simpson, en Los Picapiedra participaron en su momento estrellas famosas de la época, tales como Ann Margret y Tony Curtis, haciendo de ellos mismos en versión prehistórica. Fue el primer dibujo en estrenarse en TV color y su cantidad total de capítulos fue de 164, solo superados, otra vez, por Los Simpson.


El Oso Yogi y Don Gato (1961)


Yogi había aparecido inicialmente en un corto de Huckleberry Hound, y luego ambos personajes seguirían compartiendo episodios.
Pero de este mismo año es Don Gato (Top Cat), un gato ladino, líder de una pandilla numerosa, también más orientado a un público mayor, antes que decididamente al infantil.

 

El declive de Hanna-Barbera

 

Para los años siguientes comienza a mermar la calidad en los productos de la compañía, no así la cantidad, hallándose sin embargo algunos personajes simpáticos, tales como El Lagarto Juancho, Los Supersónico (el intento fallido de hacer una versión futurista de Los Picapiedra); La Tortuga Dartagnan, y, realmente, toda una lista de personajes olvidables.
Son los años también de las versiones animadas de Laurel y Hardy, Abbott y Costello, donde el mismo actor Bud Abbott puso la voz a su propio personaje.

 

El género de aventuras

 

En 1967 Hanna-Barbera produce la primera versión animada de Los 4 Fantásticos (de la historieta de Stan Lee), e intenta crear su propia galería de superhéroes, con personajes tales como Birdman o Mightor, entre otros, todos fracasos más tarde o temprano.


Los Autos Locos


En 1968, la productora alcanza un nuevo éxito, a la altura de sus mejores producciones, con esta originalísima serie de humor absurdo, que siempre trataba de una competencia automovilística entre los autos y conductores más extravagantes, una especie de parodia del animé Meteoro.
Muchos de los personajes de esta serie, como Pierre Nodoyuna, el perro Patán o Penélope Glamour luego obtendrían su propia serie.


Scooby-Doo


En 1969 las aventuras de este perro, unido a un grupo de jóvenes un tanto “sesentosos”, también resultan en un gran éxito, combinando la resolución de casos detectivescos, sobrenaturales o de terror.

 

De vuelta al declive

 

Luego de esos dos éxitos anteriores, Hanna-Barbera vuelve a la mediocridad, presentando nuevos personajes con poco carisma o continuaciones con antiguos personajes, incluido un nuevo Show de los Picapiedra, con los personajes antes infantiles ya crecidos.
Son los años de Los Superamigos, una versión poco efectiva de la Liga de la Justicia, de DC, aún cuando incluye a Superman y Batman. También, de La Familia Addams, respetando el diseño original de la historieta, de Charles Addams.
Durante los años 80, habrá versiones y continuaciones de Godzila, los Tres Chiflados, el Fantasma Gasparín, los Pitufos, Ricky Ricón, Pac-Man, Mr. T, la Pantera Rosa, entre otros personajes originales y con poco horizonte.

 

Los ’90, el regreso al éxito

 

A pesar de la disparidad de calidad en su centenar de productos, y de la relativa aceptación pública de la mayor parte de estos, Hanna y Barbera jamás parecieron doblegarse, explotando sus personajes consagrados hasta las últimas consecuencias, hasta hallar nuevamente un producto que otra vez resultara revolucionario, convincente y masivamente aceptado.
Así, en los ’90 producen tres éxitos sucesivos, El Laboratorio de Dexter, Johnny Bravo y Las Chicas Superpoderosas.
Sin lugar a dudas, Hanna-Barbera se trata de una empresa que ha atravesado las generaciones, creando para una, y luego, por lo menos para sus hijos, sino sus nietos, sabiendo acomodarse a las exigencias y los gustos de las épocas, renovándose quizás de la misma manera que la Compañía Walt Disney supo hacerlo, con la diferencia que en este caso se cuenta con la presencia de sus fundadores, hasta hace muy pocos años.
Por lo demás, los entrañables Hanna y Barbera parecen haber dejado todas las puertas abiertas a nuevos personajes, estilos y gustos.