sábado, 26 de noviembre de 2011

"Gurdjieff", el libro de Louis Pauwels


Cuando se está interesado en estudiar la obra de alguien, resulta muy oportuno analizar la opinión de sus detractores. Pauwels, el detractor de Gurdjieff.


Louis Pauwels nació el 2 de agosto de 1920, en París. Dirigió la revista del diario Le Figaro y se declaraba un hombre de derechas: “Soy un hombre de derechas, lo digo sin complejos; no creo que la derecha moderna sea reaccionaria”.
En 1949 escribió para el diario Combat, donde también trabajara Albert Camus. Después pasó a la revista Arts, y entre 1956 y 1962 dirigió el mensuario femenino Marie France.
En 1960 publica en colaboración, junto a Jacques Bergier, El Retorno de los Brujos, un best-seller que aparejó acaloradas polémicas en todo el mundo, donde se hablaba de la relación entre ciencia y política, esoterismo y esoteristas, en un lenguaje apasionado, pero a mitad de camino entre la admiración y la denuncia de perversiones y conspiraciones secretas.
El éxito de este libro le lleva a fundar la revista Planeta, donde continúa su campaña.
Finalmente, falleció en París, el 28 de enero de 1997.

 

Louis Pauwels y George Gurdjieff

 

Según el primero, conoció y fue discípulo directo del segundo, todo lo que le resultó una verdadera experiencia traumática, así lo expresa larga y claramente en varios de sus escritos.
De que Georgi Gurdjieff era una persona hosca y áspera es algo que se desprende de sus propios libros, de su discurso y su lenguaje, asimismo como lo testimonian la mayoría de sus allegados, Piotr Ouspensky, entre otros, o el anónimo prologuista de Perspectivas desde el Mundo Real, de Gurdjieff.

 

 “Gurdjieff”, de Louis Pauwels

 

Es la primera ”cuasi-biografía” de Pauwels (no es estrictamente una biografía); la segunda sería Dalí, de quien fue amigo.
Así, con el apellido del personaje a secas como título, el autor desarrolla un extenso mamotreto de 495 páginas, dedicado a defenestrar la figura del maestro.
Lo acusa de “jeque árabe con galera negra” (de hecho, Gurdjieff era dueño de al menos un pozo petrolero, y es cierto que usaba bombín); despectivamente, “de enseñar la sabiduría en las tabernas de Moscú”, pero lo peor, de una supuesta vinculación de Gurdjieff con el nazismo, algo que hay que decir, ni Pauwels presenta pruebas concretas ni nadie jamás antes o después hizo semejante acusación.

 

Los supuestos detractores de Gurdjieff

 

El capítulo 9 del libro lleva por título El Estudio de Denis Saurat, pero luego Pauwels no se refiere en ningún momento a ese autor ni a cuál estudio hubiera realizado, sino que prosigue por propia cuenta despachándose contra Gurdjieff.
Más adelante, dice Pauwels que Saurat dice que Orage dice: “A veces, Gurdjieff nos hace pasar todo el día cavando un enorme foso en el parque; luego nos hace pasar el día siguiente llenándolo y reponiendo en el foso la tierra sacada el primer día”.
¿Pero no es esta la misma situación presentada en el film El Hombre sin Rostro (1993, de Mel Gibson, que es completamente enternecedora, en la relación de un maestro con su discípulo?.
También Pauwels da cuenta de las supuestas afrentas que hubieran sufrido Paul Sérant, René Daumal, Aldous Huxley, los más conocidos entre tantos otros, por parte de Gurdjieff, presentados todos en un capítulo bajo el título de Testigos de Cargo.
En otro capítulo (muy democrático) titulado Testigos de Descargo, presenta las opiniones, entre otros, de René Barjavel y Pierre Schaeffer.

 

Gurdjieff y Katherine Mansfield

 

Buena parte de la obra dedica Pauwels a la internación de la escritora Katherine Mansfield en el Prieure, el Instituto para el Desarrollo de Hombre, de Gurdjieff, donde finalmente fallece, faltando poco por terminar acusándole de asesinato de aquella.
Sin embargo, en su libro Nuestra Vida con el Señor Gurdjieff, Thomas de Hartmann da cuenta que Gurdjieff en principio no quería admitir a Mansfield en su grupo, precisamente, dada su debilidad física, debido a lo avanzada de una enfermedad terminal que la mujer padecía, tuberculosis.
Pero era tal la admiración que la mujer guardaba para el maestro (“sugestión”, en las palabras de Pauwels), que había decidido terminar sus días cerca de él, y así es que Gurdjieff la acepta, como a una invitada, sin someterla a las condiciones normales del Instituto, y con el consentimiento de su esposo y editor, John Middleton Murray.

 

El valor de los detractores

 

Cuando se tiene interés por investigar la obra de un hombre, siempre es interesante y oportuno estudiar la posición de sus detractores. Suelen poner igual o más pasión que quienes les admiran, y también acostumbran completar la información hasta entonces publicada.