miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Existe el alma gemela?

Hombres y mujeres, desde el principio de los tiempos, han soñado con la posibilidad de encontrar a la pareja ideal, fiel y única.


Desde el principio de los tiempos, en general la gente ha tenido la necesidad de pensar acerca de la posibilidad de existencia de un “alma gemela”, la persona que conforme de manera ideal el complemento de pareja romántica para cada uno.

La idea de “alma gemela” a través de la Historia

 

Desde la tragedia de William Shakespeare, Romeo y Julieta, y otras parejas más, tanto de origen literario como histórico, o legendario, significadoras de lo mismo, tales como Abelardo y Eloísa, Tristán e Isolda, o Paris y Helena de Troya, el ser humano ha tenido el ideal romántico de alma gemela.
Ya Platón hablaba de un estado primigenio del alma humana, hermafrodita, que luego en su evolución, se habría escindido en sus contrapartes naturales, masculinas y femeninas. El sentimiento amoroso de búsqueda del “alma gemela” sería entonces, en cada una de las partes involucradas, hombre y mujer, la búsqueda de aquella misma parte de sí mismo, perdida en la escisión del estado hermafrodita original del alma única.
Según Platón, entonces, el fenómeno del “alma gemela” sería una característica natural de la especie humana. Ahora bien, cabe la pregunta, ¿la naturaleza predispone al ser humano en su constitución psicológica básica, a esa búsqueda?

La necesidad de “alma gemela” como cuestión cultural

 

Las características intrínsecas del ideal de alma gemela (esto es, monogamia, fidelidad, romanticismo) seguramente se enfrentan a las tendencias más básicas del ser (apetito y necesidad de variedad y experimentación sexual, lo que le conduce a la poligamia, al materialismo), por lo que se puede deducir que las razones que justifiquen la necesidad de su existencia, si bien emocionales, son del todo culturales.
El instinto de supervivencia natural no alentaría la suspensión de búsqueda de pareja en cada integrante, de perderse a la que le correspondiera según el ideal supuesto, si bien se conocen especies animales cuyos integrantes son fieles a sus parejas, por tiempo indeterminado, como es el caso del hipocampo, símbolo del amor incondicional.
¿Y cuáles serían las características básicas en una relación de pareja, que condujeran a considerar que en la misma se opera el fenómeno de “almas gemelas”? Fundamentalmente, la voluntad de fidelidad recíproca, en igualdad de intensidades, por ambas partes.

De vuelta con Platón

 

A este punto, es necesario hacer referencia a una malinterpretación que popularmente ha cristalizado con singular fuerza entre lo que puede considerarse el estrato social de “conocimiento generalizado y público”, no académico, acerca de la idea que Platón hubiera podido tener respecto del amor, tema tratado en sus obras Fedro, o del Amor, y Banquete, o de la Erótica. Precisamente, la idea común de “amor platónico”, la que objetaría o censuraría el contacto físico, sexual.
Nada más alejado de la realidad. El filósofo jamás enunció que para que el amor puro exista deba privarse de la relación sexual. La malinterpretación proviene de que Platón señala que para que el amor real exista, cada uno de los integrantes de la pareja debe ser legítimamente libre en su voluntad y decisiones, asimismo como debe “saber liberar” a la pareja, de los compromisos que la relación presupone. El amor físico, sensual y sexual, erótico, en tanto que deseo (deseo del otro, la pareja vuelta objeto de deseo) promovería la tendencia a someter, de una parte a la otra.
Pero aquí en nada se trata de una contradicción, en tanto que libres para amar, la pareja coincide en su voluntad de pertenecerse y mantenerse fiel. Existirá una fricción, en todo caso, entre el ideal de liberación y la pulsión a someter, una operación libidinal que bien manejada puede conducir a quienes la experimenten a un mayor estado de consciencia.
En un mundo acentuadamente materialista como en el actual, donde, además, desde siglos la familia (aquello que construye la pareja) se propone como una institución (algo estanco, no orgánico, no evolutivo), donde los valores dominantes son la estabilidad y la seguridad de toda índole, y las empresas que se valoran son las corporativistas, no será fácil para ningún individuo, más por confusión que por real carencia de necesidades propias, arribar al encuentro con su complemento natural e ideal, su pareja en todo el significado de la palabra; su propia y personal alma gemela.
Por tanto, el descubrimiento del “alma gemela” conlleva el particular descubrimiento de las propias y verdaderas necesidades de cada uno.