lunes, 28 de noviembre de 2011

El vudú


Traída del África por los esclavos, es la práctica religiosa sincretista más antigua de América, que dio origen a la macumba, el umbandismo y el candomblé.


Se suele tener la idea errónea de que el vudú es la práctica de brujería por la cual, por medio de clavar alfileres, o realizar otras manipulaciones en la escultura que representa a una determinada persona, se le hará mal.
En realidad, desde el punto de vista del cristianismo, se puede entender al vudú como a un conjunto de creencias y de “prácticas religiosas”, de raíces africanas, más precisamente de la población de Ashanti, oriundos de Ghana, que debido a la explotación esclavista perpetrada en los siglos XVII y XVII, se propagó particularmente a Haití, pero también a otras partes de Centroamérica y del sur de Norteamérica.
Este fenómeno derivará más tarde en Brasil, bajo la forma de la macumba, de la que luego surgen el umbandismo, el quimbandismo y el candomblé, que luego se propagarían también más hacia el sur del continente, a Uruguay y Argentina. El candomblé sin embargo se dice no guarda relación con el antiguo vudú, sino que nace de manera autóctona entre los esclavos africanos en Brasil, y el umbandismo y el quimbandismo se destacan por ser mixturas entre las creencias africanas, el cristianismo y hasta el espiritismo kardeciano.

 

El origen del sincretismo en la práctica del vudú

 

Es necesario comprender que en estas culturas africanas originarias el concepto de religión bien pudo ser algo muy distinto a como es entendido por los cristianos o europeos, es por lo que se prefiere hablar de “conjunto de creencias y prácticas religiosas” antes que de religión misma, principalmente, al no existir un dogma ni un cuerpo eclesiástico bien definidos.
Y se habla de creencias y prácticas sincretistas, al asimilar en su desarrollo ya en las Américas, elementos, como ya dijimos, del cristianismo y del mismo espiritismo.
Esto fue por una sola razón, se trata de una cultura ya sometida por esclavitud y por racismo, que además podía también ahora ser perseguida por paganismo y actos considerados católicamente pecaminosos y antinaturales. Los africanos esclavizados necesitaron disimular sus creencias, básicamente, asimilándolas al santoral cristiano. Es así que establecieron correspondencias entre sus entidades y las de la Iglesia Católica, no de una manera caprichosa, por cierto, sino que en realidad dichas relaciones existían per se, dadas sus características como representaciones arquetípicas, la naturaleza que fuera que cada par pudiera servir como alegoría, como símbolo.
Las diferencias en nombres de entidades pueden existir, por ejemplo, entre el vudú y el umbandismo, pero las correspondencias arquetípicas son las mismas.
Lo mismo, como ejercicio, podría intentarse establecer entre el santoral cristiano y los personajes de los mitos griegos.

 

La liturgia mágica del vudú

 

La liturgia del vudú no se distingue de un acto de hechicería o magia, pero de la misma manera que antiguamente en la misa católica se consideraba de manera animista el “milagro de la carne” en el acto de la Comunión; la hostia encarnaba al cuerpo de Cristo, no a un trozo de mazapán, y el vino era literalmente su sangre. En todo caso, en el cristianismo se perdió la carga animista del acto, quedando apenas un símbolo vacío de significado, una mera costumbre. El africano sigue sintiendo la presencia espiritual en el centro del ritual.
La liturgia es llevada a cabo por sacerdotes (hougans) y sacerdotisas (manbos), que quizás no se diferencien demasiado con hechiceros y chamanes de otras culturas en sus actitudes y actividades, quienes llegarían a estos cargos luego de una larga iniciación, una vida consagrada al estudio y la preparación. Sin embargo, los hechiceros, los bokor, son de orden menor, pero los más famosos a través de las malas películas de terror clase B, de los años ’60.
Los ritos consisten en oraciones y conjuros a los espíritus (loas) y entidades, ayudados por extraños símbolos trazados en el suelo (veves) en pequeños templos (houmfour), adornados de diferentes imágenes y fetiches. Téngase en cuenta que toda la terminología es ya conformada por el creole, un lenguaje que es una síntesis de raíces africanas y del francés de los esclavistas radicados en Centroamérica.
Durante toda la noche se llevan a cabo incesantes cantos y bailes, en colectividad, mientras se ofrecen sacrificios de animales a las entidades, hasta que una de estas hace acto de presencia, “posesionándose” de algún participante. Este entra en trance, su comportamiento se transforma, pudiendo hablar en lenguas, aleccionar a los presentes, o, por lo contrario, mostrarse de manera compulsiva, en estado de sonambulismo o epileptoide.

 

Las divinidades o potestades del vudú

 

La escala de divinidades o potestades está encabezada por Legba, el gran mediador entre hombres y espíritus. Luego siguen Damballah, el dios serpiente; Erzulie, la gran diosa del amor (que incluye los celos y la venganza); Guede, el rey de las tinieblas y lo siniestro; y otros más.

 

Los zombies

 

Entre las terribles prácticas de magia negra que se le adjudica a esta gente está la de producir zombies, que consiste en narcotizar y enfermar a una persona, hasta volverlos catatónicos, y quien finalmente quedará en estado de trance hipnótico permanente, a las órdenes del hechicero, como instrumento para sus crímenes. Otras versiones aún más fantásticas dicen que se trata de revivir muertos, para lo mismo. También se dice se los utiliza como a esclavos en el trabajo de campo.

 

Vudú y superchería

 

Al no constituirse como una verdadera religión, con un dogma y una doctrina, el fenómeno del vudú ha dado lugar a una profusa y variopinta mitología, que en decadencia iba a derivar en todo un folclore y una amplia gama de supersticiones y costumbres, que en lugares como Haití, se desarrolla hasta el día de hoy.
Si bien este país es oficialmente católico, el común de la gente convive con la práctica y los hábitos del vudú, sus costumbres, tanto en lo que hace a la práctica religiosa como a la superstición.
Si cualquier religión en definitiva no es una superstición sofisticada, como contrariamente pueden pretenderlo los escépticos, definir el concepto de “misterio” quizás pueda decidir la diferencia entre superstición y religiosidad legítima. Algo interesante de tratar en otro artículo.