lunes, 28 de noviembre de 2011

El cine de Bernardo Bertolucci


Cine de autor, que sin embargo escapa del elitismo y de la entelequia intelectual, aviniendo a ser considerable para una gran amplitud de público.


Nacido en Parma, Italia, en marzo de 1941, Bertolucci es uno de los más grandes referentes del cine de autor, quizás, aún también, manteniendo un fuerte atractivo para el cine comercial e industrial, es decir, para la gran masa de espectadores.
Se diferencia de los grandes autores clásicos de su país – Rossellini, Antognoni, Fellini – en ser más un narrador de historias, como de cuentos, que un plástico que ancla el foco en la imagen y en la abstracción de las psicologías y circunstancias de los personajes. Si bien sus películas nunca son meramente de acción y sus personajes son característicos en sus ribetes psicológicos, Bertolucci ofrece un relato amable al espectador, sin falsas intelectualizaciones. En Bertolucci no hay “realismo mágico”, ni grandes metáforas ni simbolismos. Sin embargo, sus historias resultan igualmente universales, porque en definitiva es del conflicto humano esencial, de sus diversos aspectos, que trata en toda su obra.
Tampoco es un autor que revisa géneros, como así puede entenderse de Roman Polanski. Quizás lo más difícil en Bertolucci sea desprender el aspecto común de sus obsesiones, analizadas en cada una de sus películas.


Último Tango en París (1972)


Luego de una docena de películas, con esta era que iba a consagrarse a nivel internacional.
Con Marlon Brando y María Schneider, trata de la tempestuosa y sexual relación entre un cuarentón y una veinteañera.
Con un alto contenido de imágenes eróticas, rayanas en la pornografía liviana, la película tuvo graves problemas con la censura, en diversos países. El nudo argumental principal trata sobre el sometimiento, y la perversa atracción entre víctima y victimario.
La película obtuvo dos premios Óscar, a mejor director y mejor actor.


Novecento (1976)


El director se tomaría cuatro años para el estreno de esta nueva película, una superproducción de época, épica, muy al gusto del público americano, con el protagonismo de Robert De Niro y Gerard Depardieu.
La trama transcurre durante el primer lustro del siglo XX, en Italia (tomando como punto de partida la muerte de Giuseppe Verdi, todo un símbolo), observando el surgimiento y apogeo del fascismo, y la relación de los dos protagonistas, uno rico, el otro pobre, desde niños, y quizás no sin cierta ingenuidad, obligándolos a amigarse desde las diferencias.
La película no fue muy bien acogida por la crítica en su momento, acusándola de ser muy larga y presentar un enfoque un tanto utópico, y cierta propaganda del comunismo.
Sin embargo, un elenco multiestelar, integrado entre otros por Dominique Sanda, Sterling Haydn, Donald Sutherland, Burt Lancaster, Stefania Sandrelli y Alida Valli; la fotografía de Vittorio Storaro y la música de Ennio Morricone, la hacen una película muy digna de verse.


El Último Emperador (1987)


Luego de unas cuantas películas estrenadas sin mayor fortuna, Bertolucci regresa con esta nueva superproducción, interpretada por Peter O’Toole, entre otros.
Es la historia del último emperador de China, que asumió ese cargo a los tres años de edad, y llegó a ser adorado como divinidad, en un contexto violento e histórico, plagado de contrastes, hasta el arribo de la Revolución Comunista.
Cargada de una gran poesía, la película muestra al protagonista, considerado un Dios, en su natural ingenuidad, y terminando por ser títere de las fuerzas de ocupación, y de las circunstancias más diversas.
Es posible que la ingenuidad sea aquel aspecto común entre las obsesiones de Bertolucci.
La película fue merecedora de nueve premios Óscar, y fue la primera vez que las autoridades chinas permitieron filmar en los interiores de la Ciudad Prohibida, el Palacio Imperial desde la Dinastía Ming.


El Cielo Protector o Refugio para el Amor (1990)


Conocida de ambas maneras por el público hispano, The Sheltering Sky es la siguiente película en su producción, y quizás una de las mejores de Bertolucci.
Con John Malkovich y Debra Winger, trata de una pareja neoyorquina que viaja a África en procura de nuevas experiencias, que puedan dar un nuevo sentido a su relación, aunque por naturaleza se les nota ser bastante apáticos, o nihilistas.
La historia transcurre a mediados de los años 40, y aquí Bertolucci parece querer volver a su discurso más metafórico o simbólico, parecido al de Último Tango en París.
La rutina, la posibilidad de una experiencia siempre novedosa y la imposibilidad de distracción que representa el desierto, son algunos de los tópicos de esta película.


Pequeño Buda (1993)


Levemente inspirada en Siddartha, de Hermann Hesse, y con Keanu Reeves en el rol protagónico, la película ofrece un contrapunto entre la historia del Buda histórico, y la de un pequeño neoyorkino, que viaja al Tibet, preseleccionado para ser examinado, ante la posibilidad de ser el nuevo Lama, la reencarnación del mismo Buda.
La película guarda su conexión con El Último Emperador, en la observación de alguien que es considerado de naturaleza divina.


Soñadores (2003)


Después de varios estrenos que pasaron bastante desapercibidos, tanto para la crítica como para el público, esta es la última película presentada por este realizador, con Michael Pitt y Eva Green, en la historia de un triángulo amoroso, entre dos hermanos siameses y una chica, en París, en el marco histórico del mayo francés.
El film tiene la curiosidad de presentar escenas de diversas películas de la historia del cine, seguramente como un homenaje a la misma.
Al margen de gustos personales por un director u otro, el cine de Bernardo Bertolucci es algo de lo que no se puede prescindir, para tener un conocimiento acabado de la cinematografía.